¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

1 may. 2012

Sueño.

Se hace tarde y no concilio el sueño.
Este silencio mata mis voces, las espanta.
Fuera, a lo lejos, retumba mi cristal por el furor de un trueno.
Las penumbras son tan sinuosas, tan vespertinas...

Son cerca de las seis y el reloj no para.
Y mis ojos se cierran, a veces.
Creo que duermo cuando me mezclo en la cama,
tumbado entre sábanas y aún más silencio.

Desnudo en la noche mi mirada, a veces palpo buscando luz.
Fuera, tras la puerta, una respiración entrecortada.
Era un suspiro... alguien suspira tras la puerta.
Quizás era sólo mi reflejo buscando auxilio.

Las persianas bajadas no me dejan ver el exterior.
En esta prisión de oscuro silencio, y de oscuridad que calla,
no encuentro el nacer del agua, me pierdo toda ilusión.
Aunque a mis oídos llegarán, susurros tenues, que en la noche se engrandecen.

Se hace tarde y esta noche voy primero.
Entre tantas vueltas el sueño se ha vuelto loco.
Desaparecer en la noche sería algo perfecto;
fundirme con el sueño y la mirada del silencio que vigila un posible despertar.

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