¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

4 may. 2012

¿De dónde?

No sé ni como, ni por qué, ni de donde. No tengo una respuesta digna para nada, sinceramente, estoy feliz, y es lo único que vale. No voy a pararme a pensar en nada de lo que ha sucedido. Te he encontrado, has aparecido, aunque nadie sepa de donde.
Realmente, has aparecido tú, por tu propia cuenta. Con tu brevedad y con tus directos, con tu manera de mirar, y de besar. No te he llamado, pero fíjate, un primer mes y ya estoy enganchado a ti.
No diré que eres lo que siempre soñé sabes... no puedo, entiéndeme. Pero estoy seguro de que se asemeja bastante. Y ya sé que estas cosas no te gustan, pero me veo obligado a escribirlo, lo siento. Porque te debo mucho, aunque no lo creas. Antes de ti, tan sólo había un funesto corazón, que andaba a veces distraído por las calles, se paraba en cada escaparate, y se sentaba en los bancos de los parques, a contemplar.
Pero claro, apareces tú, y sinceramente... ¿cómo me defiendo de ti? Más bien, ¿quiero defenderme? Siento que me he dejado conquistar muy rápido, a penas he ofrecido resistencia, pero es que no hay más, no puedo defenderme. Y todo por tu culpa... ¡estarás contenta!
A ver ahora qué hacemos con un poeta enamorado, válgame Dios.
Pero bueno, mientras ésto dure, seré feliz. Lo presiento.
Omitiendo esos rumores, esas farsas, esas calumnias que hablan de otros, y de otros rincones que no son los nuestros... que se mueran, con su envidia y con sus celos, así de claro. Si yo hablase de lo que hace cada uno con sus relaciones, muchos tendrían que callarse, o matarme más bien.
Nos vemos allí, esta tarde, desde donde se puede ver Madrid como en una postal. Y allí... allí no querremos en paz.

No hay comentarios:

Publicar un comentario