¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

4 may. 2012

Pájaros de papel.

Ella tenía la cabeza repleta de pájaros de papel.
Amaba los rompecabezas del corazón.
Carecía del autoestima suficiente para querer sin remordimientos,
aunque soñaba con volar entre sus propios sueños.

Ella era especial. Nunca recordé su rostro, nunca me fijé.
Pero su voz y su brevedad, su forma de hablar...
Ella tenía un monstruo debajo de la cama,
y cerraba las persianas por celos de la Luna.

Era feliz cada mañana al ver de nuevo el sol,
nunca gritó más alto que nadie, paseaba entre los parques.
Cantaba una canción que decía algo del amor,
que nunca escuché completa, pero debía ser perfecta.

Nunca entró en mi cama, ni besé sus labios.
De hecho, no nos conocemos,
No nos necesitábamos, pero no nos sobrábamos.
No nos echábamos de menos, pero nunca estábamos de más.

Y es cierto, nunca la conocí.
Ella me observaba en silencio y reía,
yo la veía y me sonrojaba.
Éramos tan diferentes, me dolió tanto perderla...

aunque no la tenía.
Pero la quería como si la tuviera.
Ella tenía la cabeza repleta de pájaros de papel.
Y yo una bolsa ocultando mi rostro, para que no me reconociera nunca...

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