¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

31 oct. 2011

Teoría del valor.

Me encontraba escribiendo, frente al portátil, como cada noche, como cada día… cómo siempre. En eso se basa mi vida, para eso estoy aquí supongo, para escribir. Hacía un par de horas ya que la televisión había caído muerta en las manos de la “tele tienda” y de los concursos regidos por herederos de Dinhio.
Estaba liado con un poema, versaba algo sobre un fantasma y una capa de titanio que le anclaba al suelo… no estaba teniendo una forma definida, ni una idea, iba a ser de esos de los que desecharía rápidamente.
Entre tanto, yo pensaba en mis cosas, en mis ideas, en mis ilusiones y fantasías… nunca daba buen resultado, siempre sacaba la misma conclusión; solitaria y desesperanzadora conclusión, estaba sólo.
Se apagó entonces el portátil, como por arte de magia. Me quedé a oscuras en mi habitación; no había nadie en la casa, no que yo supiese. Me levanté de la silla, con mi cuerpo rígido; tenso. Intenté tocar la mesa junto con el portátil, procurando situarme dentro de la oscuridad que ahora envolvía la casa, o por lo menos, la habitación en la que yacía.
En momentos como aquel, solía recordar aquellos miedos que me maniataban en la cama, que no me dejaban despegar la sábana de mi cabeza. Me entró un escalofrío que me recorrió toda la espalda; por su intensidad, podría haberlo confundido con el tacto de un dedo frío, pero prefería no pensar en ello. Noté entonces como algo dentro de mi pecho quería salir corriendo de allí, no se encontraba agusto entre tanta oscuridad; descarté la opción de que fuese algún tipo de alien, y lo entendí; era mi corazón, estaba nervioso.
Anduve un par de pasos hacia detrás, buscando la pared que componía el pasillo que daba a mi puerta. Seguí avanzando, intentando chocar en algún momento con la puerta, cuando sentí la presión que ejerció la puerta al golpearme en el hombre, haciéndome caer al suelo. La puerta estaba abierta; alguien había entrado. El corazón aumentó entonces su ritmo de bombeo, y como si de un niño pequeño y asustadizo se tratase, me levanté, y comencé a correr de manera intuitiva en dirección a las escaleras que me condujesen a la planta de abajo, donde se encontraba el panel de los fusibles. Bajé los peldaños de tres en tres, y en cuatro zancadas, había llegado a los fusibles. Estaba frente al cajetín, pero los nervios no me dejaban abrirlo. Me temblaban las manos, me sentía patoso, pero lo conseguí, la abrí, y volví a reconectar el circuito eléctrico, y se encendieron las luces de la casa. Eché una mirada fugaz alrededor del pasillo, intentando cerciorarme de que no había nadie detrás de mí.
Todo despejado; pensé para mis adentros. Pasé a la cocina antes de subir, y cogí la linterna por si acaso de volvía a ir la luz, debía estar preparado. Subí los escalones, esta vez con sumo cuidado, vigilando cada paso, y sobre todo, el momento en el que la escalera se torcía a la izquierda. No había nadie, todo despejado. Llegué al rellano de la segunda planta, y para mi sorpresa, encontré las cinco puertas cerradas; incluida la de mi habitación. No era lógico, nada encajaba.
Me acerqué con cuidado a la puerta, y agarré con fuerza el pomo, para intentar abrirla lo más suavemente posible, intentando adelantarme a cualquier peligro que pudiese haber entrado en mi habitación. Con la otra mano, empujé la puerta transmitiendo la fuerza a través del empuje que la linterna permitía. Lentamente, la puerta fue cediendo, hasta que pude ver que tanto la luz de la habitación como el portátil estaban apagados. Enfoqué con la linterna entonces al hueco que quedaba entre el escritorio y la cama, buscando algo o alguien que estuviese por allí. No observé nada, por lo que decidí abrir la puerta del todo, y encender la luz.
No puede evitar que el corazón se me diese un vuelco, se me cayó la linterna al suelo, y la pude ver rodando en dirección a la parte donde habitaba desde hacía años el monstruo de debajo de la cama.
- Joder Daniella, algún día podrías llamar y tal, esas cosas que hace la gente normal.
- Si fuese normal no pensarías tanto en mí, y lo sabes Cañete – una sonrisilla se le escapó, mientras que yo intentaba desacelerar el ritmo de mi corazón.
- Ahora que casi me matas del susto, espero que el motivo de tu visita no sea verme muerto, ¿no?
- Todo lo contrario pequeñín – una sonrisa pícara escapó de sus labios.
- ¿A qué te refieres? – la intriga se impregnó en mi rostro entonces, no sabía qué podía querer aquella noche.
- ¿Cómo es eso que escribías antes de mi llegada…¿el seno de la muerte es amplio, no es difícil dejarlo todo atrás?
- Algo así era sí, ¿por qué? ¿No te gustan mis versos? – intenté ironizar al respecto, quitarle tensión al asunto.
- Déjate de gilipolleces anda Cañete. ¿Te estás dando cuenta de lo egoísta que eres?
- ¿A qué viene eso?
- Estás pensando en dejarlo todo, sin consultar con nadie. Sin llevarte nada, después de todo lo vivido. ¿Te parece normal?
- Bueno, estoy cansado, necesito un cambio…
- Pues cambia. Cambia lo que te rodea, cambia tu forma de ser, tu forma de vestir. Cambia, pero no huyas, cobarde.
- Es curioso que tú me digas que no huya, una chica que aparece cuando le da la gana, para volver a salir corriendo.
- No es cuando me da la gana, imbécil, aparezco antes de que hagas alguna gilipollez, como la de por ejemplo, salir corriendo. Mírate; ¿llevas tantos años luchando contra todos, y ahora que estás a punto de conseguir lo que tanto ansias, huyes? – tenía razón, me había dejado sin argumentos.
- Lo siento…
Se apagó la luz, y aparecí en el cuarto de baño, observé mi reflejo… lo entendí, correr no era la solución, no había sido creado para ello.

28 oct. 2011

Where?

Come, come back, it’s not the end.
Keep it real, listen me shouting you; hey!
Where’re you today? I can’t see your steps.
These walls seem so grew without you,
and a tear is dying on the floor.
Keep it real, keep on wealth my breath; where’re you, where?

Nights are falling in darkness cause’ I’ve not your light today.
Please, find your way to come home, it doesn’t matter when; just come.
I’ll stay alive since I’ll see the moon changing her face,
here, where you changed my mind, I’ll stay.

You appear in my dreams; there is where you appeal to my calm.
Then, my sweet dreams became nightmares, when I saw your shadow going away.
Someone tell me ones, that you won’t be mine forever, but;
what means really ever? Cause’ one time I told you, I’ll love you ever,
and I keep that here, in my soul, in every breath.
In every time I think on you, in every strength. I only want to ask you; where?

Cause’ I’ll keep my searching on; I want to solve my mistakes.
Just give me one more chance, and you’ll see how I’ll change.
Stop for a moment, it’s O.K. Keep on dress loneliness.
I want to take a rest to accept, that I only know the happiness with her.

Falling skies are looking me up, clouds that appeared over my head to keep me well.
No more cell phones calls, no more ways without you.
And one more night, shouting for you…
my pain ask; where?

21 oct. 2011

Dicen que tu cama se está apagando.

Dicen que tu cama se está apagando, que por las noches te ven gritando sola
y, que ahora miras de reojo antes de cruzar la calle.
Dicen que tu pelo no volvió a ser negro, que tus ojos se ahogan cada amanecer en tu balcón,
que el viento ya no sopla por tu calle, que tu corazón tiene siempre el mismo compás:
piano, pianísimo.

Dicen que de vez en cuando rompes cristales con tus manos, que saltas sobre clavos si te aburres,
que pisas el cemento por miedo a quedarte pegada a ese sentimiento.
Dicen que no hay ni un solo momento que te sientas bien,
que los muros que te atan a la locura te encierra además, que ya no te arreglas al salir.
Dicen tantas cosas sobre ti que no sé qué creer.

Si los que dicen que dejaste cualquier resquicio de tu alma muerto,
que machacaste las esquinas para poder hacer a tu corazón esférico; perfecto.
Si a los que dicen que tu cara ahora se oculta tras un velo, demacrado velo,
que demuestra tu impotencia para salir de ahí.
Si te has encerrado en un bucle de desatinos, del que no puedes huir.

Dicen que tu cama se está apagando, eso es porque no han visto tu cara.
Ni las ojeras que hoy te bordan, ni las ganas que te ahorcan en tu alcoba,
ya no buscas un corazón escoba, para miedo a naufragar...

Dicen que ya no escribes poesía, que has perdido el ritmo.
Que un mismo destino mancha siempre tu papel.
Dicen que tu realidad hoy se oculta entre sombras, que tienes un pasado oscuro que esconder,
que los anocheres te duelen porque te da miedo perecer, no despertar.
Cerrar los ojos y ver que aún sigue ahí, marcando tus latidos; Tic-Tac, y tu reloj se queja.

Dicen que ya no eres la princesa de la larga cabellera, y que las piedras no rebotan en tu ventana,
que ya ninguna risa rompe la monotonía de la noche, no irradias felicidad.
Dicen que vives en penitencia, que no demuestras tus carencias, que ya no narras tus vivencias.
Que no hay esperanza para un alma condenada por un recuerdo inoportuno,
por una fe ciega, por una vida en las nubes; dicen que al cielo ya no subes.

Dicen que tu cama se está apagando, mientras tu reflejo se va haciendo de plata,
ya no te quema el sol, te relacionas más con esta luna de nata,
el verte así me mata, tu corazón de hojalata se atasca y, no encuentra la salida a tanto sinsentido...

Dicen que no volverás a ser la misma, dicen que no tienes remedio.
Que pasas menos tiempo aquí que en Babia.
Dicen que sólo un mal momento puede destruir una vida sana, que no te lo mereces y,
que si por ti fuera, no habría un mañana, ni otro él, ni otro nosotros, ni otra cama.
Dicen que la sombría de un nuevo día te quema con dulzura, que sólo tristes melodías hoy tu habitación recorren.
Que puede que haya recuerdos, que nunca más se borren.
Que sólo un mal trago te está arrastrando al borde.

Dicen que tu cama se está apagando, dicen que no hay mar que meza tu calma.
Que tu alma no tiene remedio, que hoy los golpes del destino marcan tu cara,
que tu llama está tiritando, que se está apagando tu cama...

No llores más, bonita ;)

Es tan sencillo desaparecer como cerrar la boca y observar.
Dejar que la puerta se abra sola, nadie la empuja, pero nadie la parará.
Y es que, es tan sencillo volar, sentir el viento de cara, volver a sonreír…
mira de frente al miedo, siente como se apodera de ti.

Busca refugio en sonrisas que se van, que no están.
Que se pierden con el tiempo, largos periodos de soledad.
Mírate girar, mírate marchar, siente como la calma trae una nueva tempestad.
Y ya que estás, deja de llorar. Mira de frente, no te vayas a chocar.

Abre los ojos, expande tu mente un poco más, quizá te pierdas algo.
En el horizonte se esconden retales de bondad infinita, no lo olvides.
Haz que las palabras sean vanas puñaladas, y que tu corazón aun así las resista.
Grita si así lo necesitas, pero no dejes que esta flor, que eres tú, hoy muera marchita.

Riega de felicidad esa tristeza infinita que sientes, que tu alma se estremezca.
Y por lejanos que te parezcan, recuerda aquellos días en que incluso sonreías.
Mírate a un espejo, dítelo; bonita.
Y siente como ese miedo que ayer sentías, hoy se debilita.

16 oct. 2011

La cuestión.

La cuestión no es pensar qué pasará cuando todo acabe,
si no pensar quién te obliga a acabar algo que no quieres que nunca termine.
Porque las verdades son capaces de cambiar la forma a distintas luces,
y las mentiras desaparecen cuando la fe ciega las alimenta.

Con cuidado entender que el tiempo se acaba,
y decir que en el cielo las nubes se marchan, es blasfemar.
Mentir con el corazón en la mano, ser desechado por la realidad,
y querer enseñar a quien no sabe andar; eso es fracasar.

Gritar en un mundo mudo, lleno de silencio, y querer ser escuchado.
Encontrar el amor entre tanto desprecio, mirar al espacio y ver un espejo,
sentirse tan lejos de cualquier realidad que te ate a un mundo que pasa por arte
cualquier falsedad que se acepte al quemarse, eso es levitar sobre tierra que arde.

Mira al horizonte, observa al infinito y, respira ondo.
Siente la paz que fluye por tus venas, sientes que caes, tu cuerpo se contrae acompasado.
Mira al horizonte de nuevo, déjate caer...
sobre las olas del tiempo, que mecen cada nuevo atardecer.
Porque el sol siempre estará ahí para alumbrar la noche más oscura; eso es confiar.

12 oct. 2011

Tienes derecho a guardar silencio.

Tienes derecho a guardar silencio, y a decir que los “te quiero” nunca fueron sinceros.
Tienes derecho a callar en tu presidio, a olvidarte de mí.
Tienes derecho a demostrar cuanto me engañaba, como me mentía.
Y cuando te decía que te torcías del camino, no tenía derecho.

Ni a mirarte a la cara, ni a volver a tocarte.
No tenías derecho a humillarme a cada instante, a estar distante.
Ni a disfrazarte en otras voces cuando no querías mirarme,
No tenías derecho a hundirme a cada instante, ni a exterminarme con desdén.

Y donde queden tus derechos, diré que eran ciertos.
Tienes derecho a callarte, a no volver a dirigirte a mí.
Tienes derecho a buscarte otra vida, lejos de aquí, y sí,
Quizá sí, tienes derecho a dimitir. A delegar en tus derechos tu responsabilidad…

Tienes derecho a dejarme morir sin verme, a no tener valor para dignarte a llamarme.
Tienes derecho a olvidarme, a ignorarme, a torturarme siempre que quieras,
Pero, yo tengo derecho a destruir aquel recuerdo.
Aunque el desamor me tumbe, tengo derecho a serme fiel; adiós, no tienes derecho a volver.

Dejaste a la deriva el derecho a ser feliz, y, negociaste un pacto con la eterna mentira.
No hay derecho, pensé, mientras los días se sucedían, como frías fotografías en color sepia.
E intentando andar derecho, sin dejar torcer mi suelo, descubrí bajo el hielo la cruda realidad.
No tienes derecho a volver, porque yo no tengo derecho a escapar.

Tienes derecho a guardar silencio, todo lo que digas lo usaré en tu contra.
No tienes derecho a romper mis dedos, a deshacer los miedos que martilleaban mi cabeza loca.
El olvido me recordó que tengo derecho a volver a levantarme, pero…
Hoy Señoría, me declaro culpable por amar.

11 oct. 2011

No hace tanto tiempo.

Tengo miedo de lo que estoy haciendo, miedo a perderlo todo.
Me mereces infinito respeto, y por eso... quizá te temo.
Pero, quiero que entiendas, que si te cambio es porque lo necesito y...
Déjame explicarme.

No hace tanto que mi sol dejó de ser tu estandarte,
no hace tanto que mi vida dejó de reflejar al arte,
como tampoco hace demasiado que encontré una sonrisa entre mis dientes,
y apenado de digo, que quien más se la merece no eres tú.

Sé que siempre estuvistes ahí pero, debes entender que a veces necesito otro aire.
Te agradezco lo que has hecho por mí, pero hoy, pactemos una tregua.
Deja que el tiempo hable atrvés de gestos, quizá le entienda.
Pero no quieras que siga siendo tu marioneta, vivir por ti y recibir aplausos a cambio.

En serio, cambio los aplausos por esta nueva ilusión.
Esos besos que me debes y creo que ahora voy a encontrar lejos de ti,
esas horas en mi cuarto, vacías y suicidas, ahora se rellenan.
Lo siento Daniella, pero... debes dar paso a nuevas experiencias.

Y, no te pido que no vuelvas, esto es sólo un break time.
Tan sólo quiero recuperar la mirada perdida, esa picardía que tú me otorgabas, y yo bendecía.
Quiero que sigas siendo mía, pero entiende que quizás hoy llegó el día,
de partir, de decirte adiós por un tiempo. Me voy a un resort donde las playas son de estiércol,
pero soy feliz, lo siento...

Me da miedo lo que estoy diciendo, Daniella, no me odies por ello.
Pero... sólo dame tiempo, que creo que he encontrado un cuerpo para ti.
Y ahora sueno como no hacía tanto sonaba, como lo que soy... un loco.
Loco, ya no por ti, si no loco por quien hace que el alma vuelva a resurgir.
Adiós Daniella, hasta pronto vieja amiga.

4 oct. 2011

¿Que te hable de mí?

Bueno, creo en la obligada reciprocidad del dolor,
y mantengo la misma sonrisa que cuando era un niño.
Acostumbro a ser infiel a mis principios,
y a poner ese toque de humor a mis finales.
No me gusta la violencia; tengo fe ciega en el poder de la palabra,
y... a veces tiemblo por las noche si estoy solo.

Pienso que el mundo podría ser perfecto, por el simple hecho de ser humano,
y me gusta que me observen mientras me hago el distraído.
Utilizo el verso como garra, y me gusta el descaro.
Acepto en mis relaciones un equilibrio perefcto entre pasión y cariño.
Me hundo amenudo si las cosas no salen bien,
pero me duran poco los bajones.

¿Qué más contarte?
Nunca he estado enamorado, y cada mañana tengo un nuevo amor.
No creo en lo físico, pero hay físicos que me intimidan.
Mi única ley es vivir la vida al máximo, respetando el resto de vidas.
Si pudiese volar a la Luna, sólo bajaría a la Tierra de fiesta,
y debo admitir, que me encanta el roce y el contacto.

Siempre pensaré que le debo una vida a la escritura,
y que el destino me debe un par de favores.
Me encanta dibujar sentando en un parque a la luz de la Luna,
abrir la ventana y que la noche me acaricie, el poder de las sombras...
Poco más que decir, soy un romántico (o eso dicen),
y a veces empalago más que resuelvo.

Me gusta pensar que el mundo trama contra mí,
porque me encanta luchar contra él, y demostrar que soy bueno.
Me gusta reconocer las virtudes ajenas, y que me reconozcan los fallos.
Me duele ver a quien juega con los sentimientos.
Rechazo la mentira, las ideologías, y los quebraderos de cabeza innecesarios.
¿Que te hable de mí? Esto es todo, eso sí, espera a conocerme.

3 oct. 2011

Teoría sobre el deseo.

No me hacía falta encender la luz, para notar la presencia de aquell sombra en mi habitación, pues era aún más denso que la oscuridad. No tenía luz propia, pues no lucía ni brillaba, simplemente, sabía que estaba allí porque la noche daba paso a las sombras cuando ella estaba cerca.
Me miró con aquellos ojos que tantas veces me habían mirado; una mezcla de pena y dolor, que terminaban de denotar mi estado; allí, tirado en la misma cama de siempre, con la misma mirada perdida en el mismo techo. Quizá con los mismo pensamientos, aunque aquello ya era pura suposición.
Giré la cabeza, recostada sobre la almohada, lo suficiente como para mirarle a los ojos, sin mover los labios; completamente mudo, entonando con la noche.
"¿No puedes dormir?"
Su voz sonó dulce y cercana, con un aire de preocupación, de sufrimiento. Suspiré hondo antes de dar una respuesta, que llevaba practicando y esperando meses; "no".
Había sonado borde, era conciente, al igual que sabía que ella no se había tomado a bien esa respuesta, pues hacía aumentar su preocupación, como si de una madre se tratase.
"No te entiendo, me habías prometido dormir esta noche"
"Tú me prometiste dejar de espiarme, y aquí te tengo" Debía sonar contundente, debía sonar real. No podía echarme a llorar en aquel momento, ni a gritar, ni si quiera a correr, por lo que una respuesta contundente era mi mejor aliada en aquel momento.
"Nunca me vas a dar tregua, ¿verdad? Te gusta verme sufriendo, eres feliz sabiendo que me preocupo por ti, y que hagas lo que hagas, aquí seguiré".
"No es a mí a quien obligaron a vagar por la tierra, querida".
Escuché en la noche, como comenzó a llorar, entrecortados sollozos se escapaban de su gargante.
"¿Por qué eres tan cruel Fer?"
Sabía de sobra esa respuesta, no tardé en concedérsela.
"¿Quizá, porque el mundo me hizo así?
"Y si te digo que me importa una mierda tu mundo" Su respuesta, pareció sonar en toda la habitación, pareció no salir de ella.
La miré a los ojos, que ahora, eran brillantes; el brillo de la rabia, de la ira. Un brillo que se acentuaba con el reflejo de las lágrimas que estaba emanando.
"Si tan poco te importa mi mundo, ¿por qué sigues aquí?"
"Porque tú si me importas, jodido egoísta arrogante".
Se mantuvo un silencio, que no me atreví a romper. Sabía, que lo que ahora venía serían una serie de reprimendas e insultos, completamente merecidos, y que me iban a dejar en fuera de juego, aunque ya estaba descolocado.
"Me importas, y por eso estoy a tu lado cada noche, por eso te hablo, por eso me preocupo por tí".
Me ecendí, ahí la había cagado, tenía muchas cosas que reprocharle.
"Entra en mi cama y hablemos desde aquí." La reté, con aquella voz desafiante que me caracterizaba.
"No tienes remedio" dijo con cierto aire de rencor y pena "Sabes que no puedo tocar tu cama"
"Claro, siempre con la misma excusa; no vales nada, no tienes valor para quererme, no tienes valor para compartir tu vida conmigo. No haces más que mentir, e intentar engañarme con tu sucio romanticismo, con tus historias de amor y tus te quieros vacíos".
"Cállate!" Se encendió la luz por un instante, y vi su cuerpo; sufría de sobrepeso, no era la princesa que había deseado para mis cuentos, no era mi chica perfecta.
Se apagó la luz, y su sombra volvió a vestir aquella perfecta figura, aquel cuerpo de escultura griega.
"No tienes ni idea de lo que significa amar, no sabes nada de lo que supone un te quiero; tú no vales nada. Soy yo la que cada noche visita tu cuarto para que no te sientas solo, soy yo la que se preocupa porque no falles en tus decisiones, y en levantarte si te hundes. Soy yo la que intenta formar parte de tu vida, y tú eres el que no termina de entenderlo. No puedo entrar en tu cama, ¿no lo entiendes? No quiero entrar en tu cama, no quiero besar tus labios. Porque nunca lo he hecho, y me enamoré de ti sin desearlo. No quiero sentir tu aliento en mi nuca, no quiero ver tu cara cada mañana. No quiero pasar el resto de mis días contigo".
Aquello me dejó tocado. Sabía que ahora sí, la estaba perdiendo.
"¿Entonces, qué quieres?"
"Quiero que sepas que estoy ahí cuando estés mal, y que puedes llamarme cuando estés bien. Que lloraré como una niña cuando consigas lograr tus metas, y que de no alcanzarlas, te daré un abrazo y te diré aquel chiste tan malo, pero que te hace sonreír. En eso se basa el cariño, en traspasar la barrera de lo físico, de lo mundano, en ser alguien especial; ser algo más que un físico, y conseguir que te quieran por lo que eres, no por quien eres. Una vez entiendas eso, entenderás porqué vengo cada noche a tu habitación, porqué aguanto tus desprecios, y porqué no quiero entrar en tu cama. Fer; te quiero, pero no eres el hombre que quiero para pasar su vida con él".
"Yo... joder..." las palabras no salían por mi boca, no era capaz de encontrar esa frase perfecta, esas palabras que me hicieran no quedar como un idiota "Daniella, yo puedo cambiar, he comprendido el mensaje, en serio. Dame una oportunidad de ser el hombre que cuide de ti cada mañana."
"Veo que no has entendido nada, lo siento, no puedo ofrecerte más que una amistad". Y desapareció.
No volví a ver a Daniella por mi cuarto, aunque seguimos hablando. Ella, me ofreció una lección, que jamás se me olvidará nunca, y que desde entonces, ha sido el pilar de mis relaciones, y que nunca procuro olvidar; hay gente que se quiere, pero que no puede llegar a ser nada más que una amistad. Y eso está ahí, está latente, a todos nos ha pasado, nos pasa, o nos pasará. Y la amistad, no radica más que en eso; en el amor, es amor hacia alguien, amor hacia una compañía. Pero para una relación, a parte del amor hace falta el deseo.
Y ahora lo entiendo, estas cosas sirven para algo. No soy el deseo de nadie, ahí radican todas mis penas.
Bueno, al fin y al cabo, no se está tan mal solo, y amigas no me faltan; por lo que me siento querido suficiente.
Espero que alguien abra los ojos con esto, pues a todos a veces nos pasa, que confundimos el deseo con el amor, o los entremezclamos cuando la mezcla puede ser explosiva; hay que saber ver esas cosas.

Informe sobre tu cambio.

No eres la chica de quien me enamoré, tenlo por seguro.
La vida te cambió, y se le olvidó hacerte invisible.
Mi rúbrica en pedazos por aceptar que fue un flechazo,
y, mirando ahora al pasado, comprendo lo equivocado

que estuve al seguir mirándote con esos ojos.
Un verano te cambió, te volvió despojos.
No eras así cuando te conocí, lo siento.
Se te subió a la cabeza tanto sentimiento.

Y me causa sufrmiento este tormento, lo siento;
no comprendí hasta hoy que el amor es ciego y que me equivocaba,
pensando, que seguías siendo tú;
me enamoré de un cadáver que me llevó a su ataúd.

Tú no eras así cuando te conocí, en serio.
Pasé de aprendiz, a presidiario del tedio que me corrompe;
me rompe, destroza mis arterias. Al oír tu nombre,
al perder tantas promesas de futuro;

imaginadas o reales, pero en mi corazón posaron.
Anidaron ilusiones que por siempre me cambiaron, pero;
¿qué hago ahora, que vislumbré este fracaso?
¿Cómo me levanto, ahora que toco el suelo?

En serio, sentía miedo de que yo cambiase.
Pero, la vida te demuetra todo siempre; eres tú la que cambiaste.
Y ahora me voy, no quiero ser más un juguete roto,
en manos de un destino, del que hoy por hoy me mofo.

Soy un despojo, un bufón, un payaso adolescente.
Del que se ríe la gente; salta, valiente!
Pero, ¿sabes qué? Algún día iba a pasar factura,
tanto sobreactuar sobre mis propias ataduras.

Pensándolo fríamente, yo también quiero enamorarme.
No obsesionarme, ni encabronarme con mujeres que no existen.
Lo siento si soy duro, pero... no tienes ni idea de lo que me hiciste llorar,
y por eso, sólo por eso... na, tampoco te voy a odiar.

Se acabaron las penas que corrían por mi venas,
las cadenas con melenas que rompían mis novelas.
No quiero una tragicomedia como plato princial,
quiero una ilusión que me permita despegar.

Y salir volando de este mundo tan caótico,
hallar el orden mientras los ángeles cantan;
sonatas y baladas por mi muerte; mi antigua muerte,
mi cambio inerte, mi corazón inberbe te devuelve su silencio.

Y hoy por hoy, te digo que has cambiado,
y que a este mundo de pánicos, te has abandonado.
Pero no te preocupes, aún quedamos gente como yo,
que de buenos somos tontos, o somos tontos por amor.

Cambiaremos el rumbo de quien se sienta perdido, y;
de quien no se sienta subiremos su líbido.
Haremos de cada sufrimiento algo bíblico y esdrújulo.
Seremos conservadores de un sentimiento inalterable.

Nos volveremos ineflables; invisibles a tu ojo.
Inalcanzables por tus dardos, incuestionables por nuestros actos.
Cerraremos tratos con el miedo a ser diferentes pero;
viviendo siemper detrás, sabremos llegar primeros.

Aquí acaba, en serio, tanta gilipollez barata en adulterio.
Me enferma esta realidad que hoy me corrompe, ser el bufón de este destino.
Llorar por no ser capaz de volar, y mirar alrededor, por si alguien me descubre;
se acabó, no habrá más, lo siento.
Este es el final de tanto tonto sufrimiento y sentimiento.

¿Sabes qué? Has cambiado, ya no eres la que eras.
Y yo; tonto, tonto e inútil enamorado, te adoré por ello.

Como dijo un tal Cañete; llámame ingenuo.
Por dejar hablar al tiempo, aún sabiendo que es mudo.
Tú, tiempo de cambios, mi diario del perdido,
mi chica de diciembre, mi blanca nieve, la princesa de tez suave...

Yo, un poeta atormentado, un triste beso verdadero, un quizás, un viento de maestranza.
Y aquí, allí, allá, retales de tu pelo dejan fotos (suspiro), eres la flor más hermosa.
El humor vistió de Prada y cambié mi rumbo.
Soy el Príncipe del Silencio, un Corazón de Hielo, un tal vez, un hasta luego.

Soy mis males modernos, mis casa; vacía sin tí. Soy sentimientos fluorescentes,
soy musa del sistema, soy un bufón, una chica sin rostro, un hoy, un ayer, un mañana.
Soy un juego, soy bueno, bonito y barato.
Soy un universo para lelos, soy un tonto poeta enamorado.
Y, hasta aquí puedo leer, mi lógica estrófica impide terminar con esta historial sinclusión.
Soy perdón, soy un infinito lo siento... así soy yo.
Y tú... tú has cambiado.

2 oct. 2011

Bufón.

Tan sólo eres una cruel resaca dentro de esta realidad,
un dolor que apenas ya me daña, una mentira que me engaña,
un silencio que me mata o una historia que no se acaba.
Tan sólo eres una cruel resaca estancada en mi alma.

Y ante esta oscura soledad, ¿qué debo hacer?
Gritar sin voz tu nombre, o dejarme caer.
Sangrar en el asfalto cada verso que te dediqué,
o distinguir a lo lejos, retales de esperanza.

No, hoy por hoy es inviable, pensar que todo cambia con un click.
Hoy por hoy, tú, inimaginable, yo, detestable; un triste bufón.
Ambos dos en un aeropuerto que quiere vernos despegar.
Yo le hablaba de soledad mientras ella me contaba sobre amar.

Yo la dije; me cansé de amar.
Ella respondió; me cansé de errar entonces.

Y se alejó, porque no la supe hablar, porque no convencí con mi discurso.
Porque busco una realidad que se me esconde,
porque ante una realidad que me asusta; me escondo.
Porque soy un bufón sin corte, un triste malestar trovado al cantar.

Salta bufón; salta y haznos reír. Gritó la muchedumbre.
Y con ojos rojos, y ahogados en tibio alcohol, les miro.
Salta bufón; al vacío salta.
Mirar de frente y no ver más que depravados salientes,
mirar hacia abajo y ver los perros que mordían mi pantalón.
Mirar arriba, y observar un ente que me escucha y me utiliza.

Salta al frente, bufón valiente.
Y ante tanta gente, el bufón saltó...