¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

3 oct. 2011

Teoría sobre el deseo.

No me hacía falta encender la luz, para notar la presencia de aquell sombra en mi habitación, pues era aún más denso que la oscuridad. No tenía luz propia, pues no lucía ni brillaba, simplemente, sabía que estaba allí porque la noche daba paso a las sombras cuando ella estaba cerca.
Me miró con aquellos ojos que tantas veces me habían mirado; una mezcla de pena y dolor, que terminaban de denotar mi estado; allí, tirado en la misma cama de siempre, con la misma mirada perdida en el mismo techo. Quizá con los mismo pensamientos, aunque aquello ya era pura suposición.
Giré la cabeza, recostada sobre la almohada, lo suficiente como para mirarle a los ojos, sin mover los labios; completamente mudo, entonando con la noche.
"¿No puedes dormir?"
Su voz sonó dulce y cercana, con un aire de preocupación, de sufrimiento. Suspiré hondo antes de dar una respuesta, que llevaba practicando y esperando meses; "no".
Había sonado borde, era conciente, al igual que sabía que ella no se había tomado a bien esa respuesta, pues hacía aumentar su preocupación, como si de una madre se tratase.
"No te entiendo, me habías prometido dormir esta noche"
"Tú me prometiste dejar de espiarme, y aquí te tengo" Debía sonar contundente, debía sonar real. No podía echarme a llorar en aquel momento, ni a gritar, ni si quiera a correr, por lo que una respuesta contundente era mi mejor aliada en aquel momento.
"Nunca me vas a dar tregua, ¿verdad? Te gusta verme sufriendo, eres feliz sabiendo que me preocupo por ti, y que hagas lo que hagas, aquí seguiré".
"No es a mí a quien obligaron a vagar por la tierra, querida".
Escuché en la noche, como comenzó a llorar, entrecortados sollozos se escapaban de su gargante.
"¿Por qué eres tan cruel Fer?"
Sabía de sobra esa respuesta, no tardé en concedérsela.
"¿Quizá, porque el mundo me hizo así?
"Y si te digo que me importa una mierda tu mundo" Su respuesta, pareció sonar en toda la habitación, pareció no salir de ella.
La miré a los ojos, que ahora, eran brillantes; el brillo de la rabia, de la ira. Un brillo que se acentuaba con el reflejo de las lágrimas que estaba emanando.
"Si tan poco te importa mi mundo, ¿por qué sigues aquí?"
"Porque tú si me importas, jodido egoísta arrogante".
Se mantuvo un silencio, que no me atreví a romper. Sabía, que lo que ahora venía serían una serie de reprimendas e insultos, completamente merecidos, y que me iban a dejar en fuera de juego, aunque ya estaba descolocado.
"Me importas, y por eso estoy a tu lado cada noche, por eso te hablo, por eso me preocupo por tí".
Me ecendí, ahí la había cagado, tenía muchas cosas que reprocharle.
"Entra en mi cama y hablemos desde aquí." La reté, con aquella voz desafiante que me caracterizaba.
"No tienes remedio" dijo con cierto aire de rencor y pena "Sabes que no puedo tocar tu cama"
"Claro, siempre con la misma excusa; no vales nada, no tienes valor para quererme, no tienes valor para compartir tu vida conmigo. No haces más que mentir, e intentar engañarme con tu sucio romanticismo, con tus historias de amor y tus te quieros vacíos".
"Cállate!" Se encendió la luz por un instante, y vi su cuerpo; sufría de sobrepeso, no era la princesa que había deseado para mis cuentos, no era mi chica perfecta.
Se apagó la luz, y su sombra volvió a vestir aquella perfecta figura, aquel cuerpo de escultura griega.
"No tienes ni idea de lo que significa amar, no sabes nada de lo que supone un te quiero; tú no vales nada. Soy yo la que cada noche visita tu cuarto para que no te sientas solo, soy yo la que se preocupa porque no falles en tus decisiones, y en levantarte si te hundes. Soy yo la que intenta formar parte de tu vida, y tú eres el que no termina de entenderlo. No puedo entrar en tu cama, ¿no lo entiendes? No quiero entrar en tu cama, no quiero besar tus labios. Porque nunca lo he hecho, y me enamoré de ti sin desearlo. No quiero sentir tu aliento en mi nuca, no quiero ver tu cara cada mañana. No quiero pasar el resto de mis días contigo".
Aquello me dejó tocado. Sabía que ahora sí, la estaba perdiendo.
"¿Entonces, qué quieres?"
"Quiero que sepas que estoy ahí cuando estés mal, y que puedes llamarme cuando estés bien. Que lloraré como una niña cuando consigas lograr tus metas, y que de no alcanzarlas, te daré un abrazo y te diré aquel chiste tan malo, pero que te hace sonreír. En eso se basa el cariño, en traspasar la barrera de lo físico, de lo mundano, en ser alguien especial; ser algo más que un físico, y conseguir que te quieran por lo que eres, no por quien eres. Una vez entiendas eso, entenderás porqué vengo cada noche a tu habitación, porqué aguanto tus desprecios, y porqué no quiero entrar en tu cama. Fer; te quiero, pero no eres el hombre que quiero para pasar su vida con él".
"Yo... joder..." las palabras no salían por mi boca, no era capaz de encontrar esa frase perfecta, esas palabras que me hicieran no quedar como un idiota "Daniella, yo puedo cambiar, he comprendido el mensaje, en serio. Dame una oportunidad de ser el hombre que cuide de ti cada mañana."
"Veo que no has entendido nada, lo siento, no puedo ofrecerte más que una amistad". Y desapareció.
No volví a ver a Daniella por mi cuarto, aunque seguimos hablando. Ella, me ofreció una lección, que jamás se me olvidará nunca, y que desde entonces, ha sido el pilar de mis relaciones, y que nunca procuro olvidar; hay gente que se quiere, pero que no puede llegar a ser nada más que una amistad. Y eso está ahí, está latente, a todos nos ha pasado, nos pasa, o nos pasará. Y la amistad, no radica más que en eso; en el amor, es amor hacia alguien, amor hacia una compañía. Pero para una relación, a parte del amor hace falta el deseo.
Y ahora lo entiendo, estas cosas sirven para algo. No soy el deseo de nadie, ahí radican todas mis penas.
Bueno, al fin y al cabo, no se está tan mal solo, y amigas no me faltan; por lo que me siento querido suficiente.
Espero que alguien abra los ojos con esto, pues a todos a veces nos pasa, que confundimos el deseo con el amor, o los entremezclamos cuando la mezcla puede ser explosiva; hay que saber ver esas cosas.

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