¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

19 abr. 2014

Los estigmas invisibles

Vuelvo a casa como un soldado exiliado, cada palmada dada me sabe a fracaso.
Se que me aplauden por sentirse reflejados, pero dime qué hago, si ya no me veo a mí,
en este espejo, quebrado, que deja un rostro; helado. Mirada que congela al tacto mientras trates de seguir,
buscar el camino malo para poder torcerme y salir al fin, siento que me perdí.

Como un actor anclado en la misma toma, repito el guión aunque cambien el croma.
Obsesionado con ser a mis principios y a mi enfoque, ahora guardo entre cuadernos esta terapia de choque;
darse de golpes contra que gente que no está, que no volverá, o que descubre que nunca existió.
Se perdió la razón entre el alcohol, mis noches, y conversaciones con Dios.

Diciendo adiós a todo cuanto me hizo feliz, me despedí de ti por miedo a equivocarme.
Dejé más deudas que perdón, ahora busco los resquicios que me dejen ver el Sol,
en esta mente en colapso, que no refleja la emoción, ni la ilusión, busco respuestas para aquel dolor,
que me devuelven los estigmas del silencio, ¿dónde estará mi camino, cuándo empieza mi momento?

Y yo sigo aquí, sentado donde siempre, interrogado por un folio en blanco que no miente;
mi dice que destruya mi pasado para así ver el presente; y no lo hago.
Porque no puedo, aunque quieras que lo intente; y lo siento. Todo el mal que hace vuelve a resurgir un día,
y querrás darle sentido, y hasta al mal su melodía, y lo siento vida mía,
pero ya soy otro,

la vida de mí hizo un despojo, no pidas ahora que cambie y que haga del infierno oro,
vivo en una prisión de plomo que pesa sobre mí, que me hace agachar los hombros; imploro,
que por Dios alguien salve al cobarde en el que me he convertido;
pues prefiero llorar dentro antes que perder el frío, y morir entre las sombras antes que perder mi hastío.

No podrás ver más allá de la niebla.
No podrás ser salvación, si no hay guerra.

Ánima, Los Estigmas Invisibles.

Reflexión trasnochada.

¿Por qué ahora? Pues... y porqué no. Supongo, que en la caída libre desde un avión de estos que vuelan más alto de lo que nosotros soñamos, si quieres evitar una hostia terrible con voz de Antonio Recio, en algún momento debes abrir el paracaídas. Vale, lo hace todo más aburrido... vale, no me he planteado abrirlo. ¿A quién vamos a engañar, pequeño yo?

"¿A que no sabes dónde he vuelto hoy...?

Donde solíamos gritar."

Supongo que son ciclos, o recorridos. Caminos... no tengo muy claro que son, ¿historias? ¿Son libros, millones de ellos? Igual todo esto es música, igual somos poesía. Un poema muerto, maldito; muerto por dentro pues lo que daba vida se fue, el maná, y así ya no soy gurú, sin poder, ni capa, ni castillo.

Ya no hay polvos mágicos que salven de la caída, ¿sabes? Ya no. Porque todo tiende a perderse si no se guarda, a romperse si se usa mal, a deteriorarse si se usa en exceso... esas putas leyes de la física, que como filósofo entiendo inútiles e incomprensibles en cuanto al vivir, al hecho de ser, de sentir. Somos listas.

Listas de cosas que queremos ser, de lugares que queremos conquistar, de bocas que pesar, de labios que partir, de sitios de los que huir, somos cosas que aprender, y que olvidar. Somos, somos listas. Listas que se complementan con las cosas que les faltan. Cosas que se faltan, cosas que se añoran, enumeraciones infinitas de pensamientos inútiles y certeros. Inútil, y certero.

Como la verdad en fuera de juego que dejan las lágrimas de impotencia, ¿no? La calma de cualquier brisa que te mece el pelo mientras corres a coger ese tren, inútil y certera, inútil y certero, yo; ser. Qué idea más curiosa.

Pensar que no somos más que aire, que no somos menos que aire.
Quién fuese aire, eh, quién lo fuera.

Huir por mera diversión si algo te aburre, correr delante de los coches sin miedo a que sean más rápidos, rozar y mirar sin sentir y siendo placer a la vez. Morir cuando no te apetece soplar, arremeter injusto sin que nadie te juzgue. Sólo por ser. Sólo, por ser aire.

Dañino, y necesario, inútil y certero. ¿Y si todos fuéramos un poco así? Ser inútil pero ser necesario, que sea dañino y necesario que estés. Certero... porque si se quiere lo que duele siempre lo será.

Al final, la vida es un ciclo, un recorrido. O un camino. La vida es... eso, la búsqueda de alguien que nos complemente nuestra lista de defectos, y de efectos. De lugares que visitar, y lugares de los que huir, de monstruos y dragones. Que sea dañino si falta, y si está certero, necesario para respirar, e inútil por sí solo. Al final, nacemos vacíos, y buscamos un todo.

Nos consideramos vacíos, y por ello necesitamos un todo.

"No serás capaz de odiarme... si lo he empeorado más, que bajen tus labios y me callen, si no, empezaremos a silbar...

por si alguien aún duerme, incendios de nieve y calor."

Buenas noches, descansad

Cañete.