¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

2 oct. 2011

Bufón.

Tan sólo eres una cruel resaca dentro de esta realidad,
un dolor que apenas ya me daña, una mentira que me engaña,
un silencio que me mata o una historia que no se acaba.
Tan sólo eres una cruel resaca estancada en mi alma.

Y ante esta oscura soledad, ¿qué debo hacer?
Gritar sin voz tu nombre, o dejarme caer.
Sangrar en el asfalto cada verso que te dediqué,
o distinguir a lo lejos, retales de esperanza.

No, hoy por hoy es inviable, pensar que todo cambia con un click.
Hoy por hoy, tú, inimaginable, yo, detestable; un triste bufón.
Ambos dos en un aeropuerto que quiere vernos despegar.
Yo le hablaba de soledad mientras ella me contaba sobre amar.

Yo la dije; me cansé de amar.
Ella respondió; me cansé de errar entonces.

Y se alejó, porque no la supe hablar, porque no convencí con mi discurso.
Porque busco una realidad que se me esconde,
porque ante una realidad que me asusta; me escondo.
Porque soy un bufón sin corte, un triste malestar trovado al cantar.

Salta bufón; salta y haznos reír. Gritó la muchedumbre.
Y con ojos rojos, y ahogados en tibio alcohol, les miro.
Salta bufón; al vacío salta.
Mirar de frente y no ver más que depravados salientes,
mirar hacia abajo y ver los perros que mordían mi pantalón.
Mirar arriba, y observar un ente que me escucha y me utiliza.

Salta al frente, bufón valiente.
Y ante tanta gente, el bufón saltó...

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