¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

6 may. 2012

Pequeño ignorante.

Creo que aún me queda un resquicio de mi hogar por regalarte.
Toma mis noventa kilos y mis ilusiones.
Ahora recoge cuando caigan los pedazos de mi corazón,
anclado a tu caminar desde tiempos inmemoriales.

Si crees que no es suficiente, toma mis letras.
Mis horas, el tiempo que le resto a lo que soy por hablar contigo.
Las noches que he pasado susurrándome que todo será distinto.
Y los abrazos a la nada cuando decidías marchar.

Todo te lo doy, ¿para qué quiero tanto?
Si tu desprecio bien llevado podría darme placer.
¿Para qué trastornarnos hablando de algo más que hablarnos?
Si cada gramo de mi piel pertenece a tu aliento al parecer.

Aún me queda un mínimo de amor propio y orgullo,
si quieres te lo envuelvo para regalo y quizás así lo prestes atención.
Creo que tengo un par de amigos de los que aún no me he alejado.
Voy a ver si consigo que también se caigan ante ti .

Mi familia ha sido dada en adopción a la incoherencia,
y su preocupación ha sido trasladada a algún centro de desintoxicación.
En mis adentros sólo quedan úlceras, las secuelas de tu paso.
Y más allá de mí sólo vive la desilusión.

Y si te parecen pocos diez meses, más que estuve de gestación,
aquí seguiré; caliente, caliente, y con el estómago en un puño.
Quizás algún día te dé por valorarme, y no me lo quiero perder.
Y entre tanto seré el uno que a algún otro corazón arrasó.

Y aquí me tienes, enganchado a ti.
Sin más sin vivir que el aire, que a veces sale de ti.
Otras no te acuerdas; ni de las noches que viví por ti,
ni de los tratos miserables, que suelen ir hacia mí,
y suelen ser en balde...
Que te quiero más que tú a mí, y que nadie podrá cambiarme.
Que hay lecciones que nunca aprendí, que hay secretos que no sé vivir.
Que aunque duela sé que cambiarás tu idea y serás para mí...


Pequeño ignorante.

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