¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

7 abr. 2012

Monstruo.

Tu silencio recobra el sentido cada vez que hablas.
Tus pupilas, distraídas, dicen más que tus palabras.
Y no es tan difícil, tu discurso hace tiempo que no cambia;
siempre habla de recuerdos, y se olvida de olvidarlos…

Tus manos bailan alrededor de una taza de café,
y juegas con la cuchara, distraída… nos mareas a todos.
Una suave brisa mece tu pelo, y en aquella terraza,
entendí que no había pasado tanto tiempo desde que te quise.

Hablas sin decir nada y eso me enerva, quiero entenderte.
Tantas batallas ilógicas que sucedieron desde mí,
tantas cosas que no me importan de tu alrededor y que me narras.
Qué poca vergüenza de volver a verme, qué poca cabeza…

Y entonces pregunto por él, dejas entrever tu sonrisa.
Una carcajada la precede, y te levantas de la silla.
¡Eres un monstruo!, gritas.
Y la expresión de tu boca lo dijo todo; Mons-truo.

Eres un monstruo, monstruo, mons-truo...
Lloras, y no me apena. Me alejo, te alejas.
Una cuenta a deber y una nueva herida abierta.
Ahora soy un monstruo con una sonrisa nueva, y una lágrima que asoma.
Pensé mientras callaba; los monstruos también lloran.

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