¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

17 abr. 2012

Desde tu escondite.

Como una fotografía antigua observo mi cara.
Bañada por el rocío de la mañana, mojada.
Húmeda, entre lágrimas, suspiros y aguaceros
que provienen de algún lugar del que nunca se supo.
Desde tu escondite, para el mundo, en un susurro.

Comprendo que no puedo olvidarme del papel,
en pleno acto, no recuerdo el guión. Nervios. Más nervios.
Más allá de aquella luz se puede ver el horizonte.
Sigue mi dedo; ¿lo ves? Si sorteas este muro se verá tan nítido...

Pero era un foco en medio de la noche,
un charco pisado, un pasado olvidado, y un claxon cansino.
Pero si estoy en medio de la acera, ¿por dónde pretendéis pasar?
Seres que miráis de reojo, observarme de cerca, estudiarme.
No soy lo que siempre quise pero soy capaz de aceptarme.

Desde tu escondite, para el mundo, como un susurro surge
lo que en realidad era un grito de dolor.
Pero, ¿cuánto tiempo llevas callada imbécil? Llorando porque sí.
Sigue mi dedo, ¿ves el horizonte? Si te secas las lágrimas será más sencillo.

Pero llovía, y no logré refugiarnos.
Nos mojamos y nos ahogamos en lamentos.
Pasan las estaciones y aún me duele aquel momento.
Estamos empapados y sin nadie que nos entienda.
Llora... porque el sufrir nos alimenta.

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