¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

25 abr. 2012

Los dos.

Ya son las dos, déjame marchar.
Que se quema mi reloj con tanta brevedad.
Ella dijo de hablar.
Déjame marcharme... ¿no?

Los bares están cerrados pero aún hay ruido fuera.
La gente grita, borrachos entonan.
Y entonces la luz, la luz que siempre nos ciega.
La luz de la ciudad, las calles y las estrellas...
no me queda nada por ver, ya son las dos.
Me voy a mi casa.

Y en el umbral, un beso y nada más.
Quizás un perdón, de nuevo tu brevedad.
A tu intensidad le sumaremos mi ilusión;
vuelve aquella luz, que ciega y adormece.
Llegaba la mañana por el horizonte,
y yo despierto en mi cama.

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