¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

25 abr. 2012

Fuegos artificiales.

He subido el volumen de la música,
para evitar así oír los cohetes de fuera.
Suenan como cañonazos contra mi ventana,
los cristales retumban… qué miedo dan.

Hay alarmas ahí fuera que saltan;
recuerda al fin del mundo, sólo falta aceptar la soledad.
Podré caminar entre ruinas sin que nadie diga nada;
¡qué emoción!

Los pilares parecen venirse abajo tratando esconderse.
Fuegos artificiales, altos, bellos, más altos.
Ya lo ves, hay a quien le alegra ver morir un artificio,
cosas de los urbanos supongo. Se asemejan a estrellas…

pero no lo son, no me engañéis.
Porque una estrella no se puede crear, por mucho que las veas.
Si no eres una estrella, no lo serás nunca.
Y un nuevo cohete, este impacta de lleno contra mí.
Joder, qué miedo. Y mis alarmas se suspenden.
Comenzó el fin.

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