¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

17 ene. 2010

Sabiendo, que ya no estás.

Duele tanto que mata,
la soledad, el olvido,
el sentir tu vacío,
sabiendo, que ya no estás.

Quema tanto que hiere,
el perdón, lo inmoral,
el oler tu fragancia,
sabiendo, que ya no estás.

Suena tanto que estremece,
tus cadenas, tus grilletes,
el oir tu gemido,
sabiendo, que ya no estás.

Es una llama incandestente,
cálida, tenue; improcedente,
tocar su alma de frente,
sabiendo, que ya no está...

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