¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

30 ene. 2010

Al amanecer.

Amaneces de la mano, del tic-tac que te acompaña.
A diestro y sinistro, las miradas que te empañan,
el espejo adiestrado para verte mucho más guapa,
cada mañana al amancer, al alba.

En un tierno susurro, de sonrisas escondidas,
de la cama te levantas, a trompicones, zancadillas.
En la cocina te espera, el aroma del café,
que embriaga tu mañana, el cálido amanecer.

Que se tiñe de castaño, el oscuro de tu pelo,
cuando bailan al Sol tus pestañas, y reflejan su poderío.
Gestionando la mañana, cual cuenta de cálculo superior,
expresas tus emociones con un fugaz sonrisa.

Si cada mañana miro a tu ventana, en el transcurso del tren a tus pies.
Y noto tus miradas, me regalas una risilla traviesa,
de esas que me enloquecen, me hacen perder el sentido.
Cada mañana que te veo, al amanecer, se vuelve todo tan sencillo.

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