¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

28 mar. 2012

Capricho.

Permíteme que me aferre a lo que considere mío,
¿tanto te duele cuando sueño con un futuro mejor?
¿Te importa? Estás pisando un pasado que ya he barrido,
no me vengas con excusas de otros caminos, que tu cuento ya me lo sé.

Si tanto te doliese el olvido, intentarías destruir mi recuerdo.
No soy segundo plato de nadie, ni tampoco tu primero por lo que veo.
Apártate, que intento pasar, que intento alejarme de ti.
¿No ves cuanto te odio? ¿No ves cuanto te temo?

Permíteme que decida con quien mostrarme bien, y con quien recordarte.
Que tu nombre salga de mi boca cuando a mí me de la gana;
niñata, mírame bien, créeme cuando te digo que tu ley aquí ya no manda.
Un suspiro lejano se escapa, intento forzar un engaño; mentiroso...

Ojalá el dolor que me causaste se te vuelva en contra,
deseo que te enamores de mí y yo salga corriendo.
Que tus lamentos y prejuicios te devuelvan tanta pena,
que nunca más me busques, y que si lo haces, nunca des con mi puerta.

Se perdió la fe en un pasado oscuro y revuelto,
¿ahora eres tú la que vuelve exigiendo clemencia?
¿Y cuando yo me arrastraba? ¿Y cuando tomaba a la pena como hermana?
Cuando te marchabas... en serio, ¿recordaste mirar atrás mi cara?

¿Y mis lágrimas, vistes como caían y se suicidaban?
Y ahora vuelves, con tu lengua serpentina y un alma funesta,
con tus historias para no dormir de noches imperfectas.
Y ahora vuelven, tu cara de niña y tus ojos de marfil.

Todo cuanto construí alejado de ti, fue un paso más hacia la muerte,
nunca imaginaste que el no tenerte pudo convertirme en algo tan inerte
como un muñeco de trapo, sin más motivo de existir que tus miedos.
Ahora regresas, y yo, con unas ganas de mierda de aguantar tu eco.

Piérdete, márchate, muérete. Que no te vaya bonito, que nada te vaya bonito.
Me asquea tu presencia como me asquea mi conciencia,
y si pido que te mueras, es por el miedo que tengo a volver a caer arrodillado,
ante tu altar, ante tu lujuria, ante tanto pecado como supones.

Mírame, soy un hombre derrotado, sin armas para combatirte.
Aléjate, te lo suplico, piérdete en tus universos para lelos.
Y juro por Dios que te quiero, pero me das miedo, termina este suplicio.
Te lo ruego... espero no olvidar que para ti, no soy más que un capricho.

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