¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

17 ago. 2011

Restos...

Crujió la noche, como crujían los cristales que mis pies descalzos martilleaban.
Restos de la ventana que destrocé a pedradas buscando un "buenas noches",
restos de un corazón helado consumido por un alma congelada.
Restos de las tinieblas que un día secuestraron tu cama.

Encallado en el apogeo de mi mente, busqué indiferente; resquicios de bondad,
lugares ocultos donde poder perderme, cualquier habitación presuntuosa y valiente.
Y entre tanta gente morirme no fue posible, aparentar una certeza que la duda consumió,
una firmeza doblada por los golpes, por la fuerza del aire, por un Dios que se ríe de mí.

¿Dónde quedan ahora mis valores, mi lógica estrófica y mi fuerza de voluntad?
Si el olvido es la solución, pero nadie me enseña como llegar...
¿Como ignoro algo que me apresa cada día, aún sabiendo que es mentira, siendo conciente de que es inviable? ¿Como me olvido de tí, de mi ángel?

No cerré ninguna puerta en ese instante, esperé paciente a que tus labios decidiesen llamarme.
No caí en ningún amor últimamente, el tuyo se mantiene latente, deja patente su fiereza.
Perdón por mi torpeza, quizá pasada o quizás insignificante.
Perdón por querer mantener algo inexistente ahora, improbable antes, inviable en un futuro que me aterra lejos de tí...

¿La verdad? Estoy obsesionado o enamorado, aún batallo con mi corazón y mi mente para que se aclaren entre ambos, y termine esta tortura con resistencia numantina.
Las casualidades, gamberras todas ellas, me siguen recordando que sigues ahí, no me dejan alejarme, tanto las odio como tanto las debo.

Si nadie me lo explica quizás es porque nada existe, quizá porque nada es verdad.
Quizá sólo yo puedo luchar esto, o quizá me deberían encerrar en un loquero,
mi cordura va fatal... los restos de un recuerdo reflejado en mi presente, no me dejan caminar.

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