¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

25 ago. 2011

Carta a mi yo de veintitrés años.

He aprendido a sentir la brisa del mar en cara de otros, a sentir el dolor en puertas ajenas, en ser amo y señor de cada lágrima que cae…
Nunca he entendido cuanto dolor puede causar una sola palabra, un quizá no volvamos a vernos, o un quizá no quiera perderte.
Aunque quizá nunca entendí realmente su significado, nunca supe ver cuanto daño he causado, ni supe creer en aquellos fantasmas que recorrían mi pasado.
Este más siempre resta, me cuesta cada vez más seguir fingiendo, volver a ser lo que era, volver a ver las cosas de aquella manera tan caucásica.
Quererte fue mi perdición, mi gran veneno. Y lo siento si te quiero, pero me cuesta ocultarlo.
No hay con quién pueda hablarlo, no hay quien pueda sentirlo, el alma de un poeta generalmente recorre caminos sin sentido.
Pensé tocar fondo entre aquellos prados melancólicos, astronómicos y robados, en el tiempo encasillados que robé a mi familia.
Tiempo en el que decidí dar paso a un futuro sin pasado, a un nuevo “buenos días”, a un quizá no se ha marchado…
Mis amigos me pidieron y rogaron que te olvidara para siempre, me exigí volver a verte, volver a sentirte tan cerca que casi pudiera olerte, volver a quererte como antes lo hice… pero no puedo, incluso aquello que fue inmenso se me queda corto.
Fuiste la esperanza de un corazón roto, y ahora no sé como decirte que me duele ser el otro, esa triste historia que ninguno nos hemos parado a explicar, ese adiós desconsolado de quien espera naufragar entre sus propios sollozos, mira, hoy hablo de amor por que siento que es al único sentimiento que aún le importo.
Sé que no soy lo mejor que ha pasado por tu puerta. Mi físico deja muchísimo que desear, y mi alma sigue siendo un poema.
Mis penas recorren en la distancia, en la lejanía, cada camino que intenté trovar, descubriéndolos ennegrecidos.
Sé que no lo entiendes, pues ni si quiera yo me comprendo.
Seguramente nadie lo haga, pero esto es lo que siento, y siento no poder decírtelo a la cara, como tantas otras cosas te he dicho. No me perdonaría volver a perderte, más aún sin saber lo que sientes, no te imaginas cuanto te debo, ni cuanto te quiero, ni cuanto me duele no poder volver a verte…
Pasé página hace tiempo de aquella historia en la que pasé de verdugo a víctima con la consecuencia de los meses, tengo tanto que contarte, tanto que desahogar de este alma que se encalla en una fe que aparece como única esperanza…
Hay una frase de mi gran amigo Tiziano, que sin duda encaja con lo que es mi presente hoy en día; Porque solamente el caos de la retórica, confunde y modifica la coherencia histórica, y porque Dios me ha sugerido que te perdonara, y lo que dice Él, yo lo hago”.
Mi camino ha sido marcado siempre por un interior que no comprendía, una confesión diaria ante un ser que está demasiado por encima como para poder tocarle.
Quizá por eso halla tantas cosas que no entiendo, quizá por eso aún te quiero, quizá por eso no acepto que no seas mía…
Dije que habría un segundo asalto, y así será, pues no tiendo a equivocarme, aunque la gente no tienda a escucharme.

“Y vida mía que me has dado tanto, dolor, amor verdadero, todo. Mas gracias a quien sabe perdonar, siempre la puerta, a mi edad…”

Hoy por hoy, el simple hecho de seguir caminando por estos parajes tan extraños me da fuerza. No estoy mal, no es como antaño, hoy nada me rompe la cabeza.
Los recuerdos han dejado paso a un futuro que se las promete duras, pero gracias a mi constante fe, a mi esfuerzo, y sobre todo a mis vivencias, es un futuro que se acerca mucho al que siempre había deseado.
Ahora toca comenzar de nuevo de cero, volver a ser un niño en las manos del tiempo, una marioneta sin guión, patrocinada por un imposible te quiero.
¿Sabéis qué? Aún hoy por hoy no entra en mi cabeza la palabra; descanso.
Sigo sin servir para estarme quieto, mucho menos cayado.
No soy ese chico hiperactivo que siempre te está martilleando, soy más como el agua en el desierto, que aunque no se vea, siempre deja rastro a su paso.
Afronto con ganas esto que me toca, siempre solo eso sí, y no por eso me quejo.
Mis amigos tienen la mayoría un camino igual de empedrado.
Mi familia… soy adolescente, es imposible que me dan más de lo que ya me han dado.
Y el amor, en fin, dejémosle tiempo para respirar, que él decida cuando aparece, no tengo ninguna prisa.
No quedan rincones por los que este nuevo yo halla pasado, a ver que tal se da viejo amigo, nos vemos dentro de unos años, veremos como has cambiado.

Carta a mi yo dentro de cinco años; ésta es tu situación, y así te la he contado, cretino ;).

1 comentario:

  1. Como sabrás que eres un cretino a los 23 jeje, autoreconocimiento

    ResponderEliminar