¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

21 ago. 2011

No ha sido un error.

No fue un error, eso diré cuando me pregunten por qué me empeñé,
por qué no rompí con todo aquello que me mataba,
por qué puse mi fe en su nombre, por qué su voz se convirtió en mi destino.
Aunque no sea mi estilo ni mi tipo, aunque quizá yo no pintase nada allí.

Aunque nunca me acepte a su vera, aunque me haga morder el polvo que en aquel lugar era abudante.
Aunque sus séquitos me miren de reojo, sus súbditos con asumbro, y sus fieles ni lo hagan.
Aunque una tormenta intente desplazarme a un lado, aunque duerma entre charcos,
y el sol convierta mi espalda en negro carbón.

Inamovible, impasible ante lo que era una realidad; quedaba algo por lo que seguir creyendo, por lo que seguir luchando.
Una última esperanza que me devolviese a la arena, al campo de batalla.
No sirvo para estar de brazos cruzados, lo siento.

Y así fue como ocurrió todo esto, una promesa de no perecer, portar la que fue su cruz hasta su propio terreno, y así, agradecer todo lo que hizo por mí.
Nunca me acerqué por su casa, aunque se donde vive.
Decidí recorrer los lugares por lo que transita a menudo.

Rodeado de aquella marabunda, me di cuenta que no soy el único que así lo siente.
Me dejaron mudo por una vez, no sabía que decir a todos aquellos seres humanos,
unidos por una misma idea, tan gloriosa como divina...

En esta semana, sin duda he aprendido mucho más que en muchos años de revoluciones subnormales y noches bohemias.
Encontré mi lugar, sólo puedo decir que echaba de menos ese sentimiento, ese calor...
tras mucho cavilar, puedo aceptar por fin que creo sin practicar,
y que le debo una bien grande, ya veré como se la devuelvo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario