¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

13 ago. 2011

Partículas del fuego.

Acostumbro a ser problema y solución, una incógnita sin ecuación aparente,
una llama incandescente, un tonto malestar.
Acostumbro a andar perdido entre calles de barro cuando te vas,
cuando tú no estás; acostumbro a saltar sobre el cemento, hasta quedar pegado.

Seámosle infieles al presidio que nos engaña, nos tortura sin pasión, da latigazos de nieve.
Veámosle de nuevo las orejas al lobo, hablemos en susurros para que no nos escuche.
Miénteme; grité entre tanto sufrimiento. Nunca digas que te fuiste sin ningún pero,
que no me echas de menos, que tú olvidaste los recuerdos.

Fue tu manera de mirar, estoy seguro. Tu capacidad innata para quedarte mirando a los ojos.
Fue tu manera de hablar la que me cautivó, quedé segundo. Tu inmensa calidad a la hora de rematar.
Vamos a intentar algo; seamos partículas de fuego. Si ves que nos quemamos reculo,
si ves que nos sumamos, quemaremos a quien nos quiera lejos.

Pero nunca dejes que me apague, menos aún ahora, que me falta el aire.
El oxígeno habitual a mi ya no me sirve, y mis pies no son capaces de caminar con esta gravedad de lo hechos.
Grave gravedad sin duda la que hoy nos une a la cordura, a mí por lo menos.
Soy partícula del fuego porque así me hizo este mundo, pero si ves que te quemo, tan sólo deja que esta lluvia me consuma, y así de fácil desaparezco…

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