¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

12 sept. 2011

Mi cuarto que parece un octavo tumbado.

Choqué contra puertas que estaban cerradas,
son los por menores de andar a oscuras entre tierras conocidas.
Habitaciones que no se abren, aunque sé qué hay dentro.
Pero deseo volver a entrar ahí, no recuerdo como eran las ventanas, como relucía el sol...

Era mi puerta a la realidad, mis circunstancias en un vaso de cristal,
mezcladas con los hielos de un nuevo despertar temprano,
una tormenta que llevaba el rechazo de su mano.
Mírame, estoy cayendo... y no me podrás parar.

¿Cómo eres capaz de volver andando, cuando al camino le dio por desvariar?.
Ahora las curvas se convierten en rotondas, encerrándome en bucles sin sentido.
Hay rectas infinitas que se dirigen hasta el cielo y vuelta,
y aún mirando al cielo con cara de saberlo todo, sigo sin explicarme que hace la luna aquí a las seis.

Más madrugadora que ninguna, así era ella, siempre recordando al malestar que se marchase.
Y ahora, mirando fotos del pasado entro en un hipotético trance,
pues tú ya no estás, no estás a mi alcance.
Y el furor de un nuevo día recae entre las estrecheces de mi cuarto.

Mírame, me estás matando y no puedes salvarme.
Estoy minando los cimientos que me arrinconaban contra las cuerdas,
tejidas con el pelo que el sin sentido arrancó.
Mírame, te echo de menos... y nunca entenderé lo que pasó.

Mirando al infinito comprendo este horizonte.
Los límites recalan en el corazón, y... viendote llegar con aire de grandeza,
recuerdo aquellas tardes en tu cuarto.
Pienso que ahora el miedo se consume rápido, ya me ha abandonado.
Mira su cordura y sonríe con su sinrazón, historias sinclusión y mi mutilación.

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