¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

30 jul. 2011

Viento de maestranza.

Hay faroles que alumbran demasiado tenuemente.
Hay ideas que mueven universos infinitos con un solo botón,
transforman la inmensidad del mar en pura rutina,
y los versos cautivan a cualquier sin corazón.

Hay momentos instantáneos creados para ser adorados,
hay veladas ennegrecidas por un triste carbón.
Carbón vegetal extraído del incienso que suponen tus sollozos,
falsos suspiros que alimentan la sinrazón.

Quiéreme viento, llévame al levante,
que tengo alma de almirante y corazón de soñador.
Méceme lluvia, agua gris, turbia playa que supone tu querer,
méceme, y mecido transpórtame por el océano.
Déjame escapar de tanto odio, huir del sentimiento opuesto,
que yo la amo; viento, lluvia, miel, déjame escapar de sus labios.

Déjame recurrir a Dios sólo el domingo,
correr por las aceras peatonales que me estorban, pisotear campos de flores y amapolas.
Déjame recorrer en barco tanta carretera que me asombra.
Vivir en la memoria de paisajes que me evoca este ciprés.

Déjame moverme como tú, viento. Ser velero en esta tierra,
vela que alumbra la insolación. Verano tormentoso soy para quien lo quiera,
para quien me quiera soy remedio, y quien no me quiera me es desilusión.

Bienvenido pues le digo a tanta paz como lleves.
Te vas princesa y esa será mi fortaleza.
En esta bahía quedarán las penas afianzadas, amarradas a mi alma tus ideas.
Bésame si así lo quieres, o para esta veleta que gira donde más le conviene.

Cuidado que viene; decía el poniente.
Ponte, de gala ponte para ir a saludarle.
Viento de maestranza que aniquila mis hechizos.
Ponte, ponte de frente, valiente.
Que viene el amor enseñando los dientes.
Que viene su amor matando el sentido.

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