¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

30 jul. 2011

Sólo dos paradas.

Del verano al invierno tan sólo me separan dos paradas de metro.
Hasta las calles de Madrid resoplaban a mi compás.
Conmigo, siéntate conmigo, hablemos.
Observa como todo calla, observa como mi cordura se va.

Pienso en seguir andando por estas calles de barro,
pero mis pies cimentados en el duro desengaño, me impiden andar.
Anclado a la realidad se encuentra mi verso,
anclado a la triste realidad, anclado a un constante malestar.
Malestar esperpéntico, malestar impío.
Nunca bien recibido, malestar cargante, agobiante, asesino.

No estoy bien, mis pupilas así me delimitan,
y la lluvia me imita a menudo, carece de personalidad.
Triste poeta empeñado en ser feliz, mira de frente antes de estrellarte.
¿No ves a caso que la felicidad no existe?

Un tenue susurro otoñal me recordaba lo que era una realidad;
el verano se acababa y tocaba volver a helar.
Volvía el invierno, y con él, los pájaros volvían a emigrar,
el viento cortaría mi cara, y la perennidad de mi alma volvería a caducar.

Volver… un regreso necesito, abducido por tu sien,
acomodada en la mía tú.
Seré claro una vez más: se me olvidó caminar.
Necesito un contrapeso en esta obesa balanza que me lanza al desengaño.
Equilibrar las fuerzas, equilibrio que me sobrecoge y me abruma,
seré la bruma que te haga naufragar, nunca me cruces, que soy caduco.

A un alma bipolar que la indecisión machaca, ataca amigo, ataca.
Nunca retrocedas en esta dura batalla contra el universo.
Pequeño, lucha valientemente, que sólo al que está en el cementerio se le recuerda,
y tú no buscas recuerdo, buscas recompensa.
Corazón, no seas presa de esta espesa mentira, de esta eterna espera,
que es el amor…

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