¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

28 abr. 2011

Te quiero; telegrama.

Hola. ¿Qué tal estás pequeña?
Como puedes observar, todo lo que nos oyó gritar se ha roto.
No queda absolutamente nada de nuestro paraíso calcinado.
Sé que hace tiempo, demasiado tiempo quizás,
por eso te saludo extraño, me preocupa como estás.
En ti no paré de pensar, sé que te fuiste, y no volviste.
Sé que hoy la decepción te viste, pero pequeña, sin ti no aguanto los embistes.
Te echo de menos, y menos cosas quiero echarte encima,
pero permite que te escriba como ya lo hice en su día.
Permite que vuelva a tu vía, que este andén parado nunca más quede.

Hola, perdí la poesía desde la última carta.
Esperé una respuesta, que por lo visto tarda.
Quiero leerte desde hace tiempo, pero al parecer de nada sirven mis intentos.
Quizás cambiaste de casa, pero mira que me extraña,
si en ella hoy guardas una a una las batallas.
La metralla que ese cuarto me escondía, y descubría una vida
en el sofá, de melodía un televisor está, y con la manta bajo el brazo,
guardo aquel papel mojado, en que escribiste;
"Te quiero", sin haberlo pensado.

Creo que no me respondes a mis cartas, porque echas de menos
mi falta, y ahora todas las farsas a un lado quedan.
Te echo de menos, y no se como expresarlo, pero tanta sin razón,
a este corazón lo está matando.
Nunca entendí tus celos, si siempre dije te quiero.
Hasta fui capaz de darte un beso, sin saber lo que era eso.
Renegué los versos y sufrí los golpes, en los huesos que hoy me claman: torpe.
Sabes que nunca fui de esos, que les gusta ser un preso,
de tristeza siempre obesos, si les haces sentirse presos.
Pero por tu mirada anclada en mis gesto y en mi labia,
dimos al traste con todo, de lo cual no queda nada.
Es la última carta que te mando, será lo último que escribo con un beso para ti sellado, y firmado en letras rojas; "Te quiero siempre a mi lado"

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