¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

23 abr. 2011

Perderte.

Como amantes celosas vuelven aquellas palabras que te dije.
Envuelven, como ayer lo hizo el alcohol, mi cabeza.
Ideas de tragedias apuñalan mi entereza,
y con prudencia ando lento, para no volver a caer.

Hoy será un buen día para que crezca mi melancolía,
te echo de menos, y sin embargo, no te dejas ver.
Esas palabras fueron balas, al compás de una melodía,
que compuso el horizonte; inalcanzable, y penetrante.

Distante la luz, como luciérnagas venía cuando más la quería.
Me proponía correr, escaparme de este mundo, llegar algún lugar
en el que volver a nacer, y esperé hasta entonces,
huyendo de mis miedos cada vez que ellos venían pero...

Me cogieron, me engañaron. Prometieron sueños que no han cumplido.
Fui novato, y me terminaron robando lo que más ansié.
Lo que me dio luz y cobijo, cuando apenas siendo crío
comprendí que este mundo no era igual sin ti.

Poesía, vida mía, cada día yo te imploro, adoro, rezo,
te admiro y me confirmo como tu seguidor, tu hijo.
Poesía, por ti todo valía, me dabas la alegría
cuanto más te escribía, más me sonreía aquella vida que narraba como mía.

Pero un día te fuiste, no volviste desde entonces.
Cambié tu presencia por amor, y así me fue...
Quizás fue por que amor no supo comportarse,
o quizás por que el ansía de no encontrarte fue mi perdición desde aquel instante...

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