¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

9 mar. 2010

Llegar, da igual lo que cueste.

Inespugnable el prado que defendía el dolor,
imprenetrable la barrera impuesta por su corazón.
Capaz de hablar de si mismo como un extraño,
capaz, el mismo, de hacerse daño.

Odia su ser, teme su poder.
No controla, no sabe, quizás si, pero teme la duda.
Esa ventana que se le cierra solo a él,
que no se abrirá cuantos más golpes le den.

No tiene tiempo para cuentos,
ni para abrir su alma.
Se mantiene ciego en su negrura,
quizás no quiere ver.

Ni quitar la venda de sus ojos,
nadie entiende que no lo quiere.
Solo quiere llegar a la meta...
da igual lo que cueste.

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