¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

16 may. 2011

Ven, acércate.

Ven, acércate, hoy quiero contarte un cuento.
No trata de princesas, que de esos… en fin, tengo malas experiencias.
Siéntate aquí cerca, que yo te sienta.
Coge mi mano, y mira a esas estrellas.

¿Ves lo que veo? Luceros en el cielo intentan igualarte.
¿Crees lo que creo? Que no son capaces, ni de rozarte.
Ven, mírame, siénteme, y observa como el tiempo pasa,
y mi corazón con el tuyo se acompasa; bum, bum…

Fíjate en mi puerta, escritas con triste negro hay unas letras;
no volverá a ocurrir, no pasará el amor por aquí nunca más.
Estoy dispuesto a tirarlo, si así lo deseas,
quítale todo el sentido, que sean sólo vanas promesas, letras.

Que el sentimiento fluya a través de mis rejas,
que mis tejas contra las quejas sean tú, princesa.
Que de nuevo este corazón se ponga en huelga,
se revele contra la soledad que le otorga esta cubierta.

Ayúdame a retomar el barco que un día zarpó.
Calla esta voz interior que grita; duele.
Y más me duele más me grita,
pero si me impones tu religión, será el silencio quién levita.

Perdona esta torpeza, me desvié quizás del cuento.
Intenté ser sincero, pero, bueno… como ves me cuesta.
Sólo ven, acércate, siéntate cerca.
Observa como mi corazón espera tu gesta… bum, bum.

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