¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

5 may. 2011

Pensamiento de Cañete (primera cita)

La vida se basa en la anteposición de cosas, sentimientos, o pensamientos, opuestos entre ellos y recíprocos por naturaleza.
Esta verdad, queda confirmada echando una simple mirada atrás en el tiempo.
Basándonos en la idea de Marx, asegurando que la vida y la historia avanzan de manera dialéctica, debo decir que dicha idea pierde fuerza en cierto modo ante la realidad.
Confirmando la existencia de tesis, antitesis y síntesis, hay que desmentir la afirmación que dice que la antítesis aparece después de la tesis, pues al comienzo de los tiempos, ambas aparecieron por igual, y simplemente han ido evolucionando a través de la historia.
La lucha de clases, es el ejemplo perfecto, y el cual utiliza Marx como pilar de su ideología y pensamiento, sin embargo, no todas las contraposiciones las ha creado el ser humano, puesto que hay sentimientos, emociones y actos reflejos que nos vienen otorgados de nuestros primeros antepasados.
La relación gato-perro, es la más clara anteposición que la naturaleza nos da.
Dos seres prácticamente iguales (genéticamente), y sin embargo, su instinto parece haberles desfigurado la conciencia animal de manera que se odien.
Hoy en día, se acepta dicho hecho como algo normal e incluso necesario, que traspasado al humano, se observa como algo natural del día a día.
Utilizamos el pretexto de “lo inculcado”, para justificar en ocasiones tendencias políticas, maneras de ser, o incluso aficiones.
Sin embargo, ¿quien enseña al perro que el odio al gato es necesario?
La explicación humana ahí se estanca, es cierto, nadie les enseña a odiarse.
La explicación científica, siempre desligada de lo humano, culpa a los genes y a la naturaleza animal de haberles inculcado ese odio, sin embargo, ¿Quién se odió primero?
Aquí encontramos el primer escoyo a salvar por la dialéctica, ¿quién es antítesis, el gato o el perro? ¿Quién devuelve el odio y quien lo recibe? ¿Quién fue el primero en odiar?
Uno es antepuesto al consiguiente, y sin embargo, no existe una explicación lógica del por qué.
La idea del odio por el simple hecho de que ambos son predadores, queda renegada a un plano oscuro, en cuanto se compara esta situación con otros animales.
Sin ir más lejos, el hombre ha sido depredador desde siempre, desde sus inicios, y sin embargo, no vemos que el león se ponga a rugir al hombre sin atacarle, no existe el intercambio de mensajes de ofensa entre lobo y hombre.
Lo que podría explicarse con un simple hecho de temor por parte del animal, por ser los seres humanos quienes hemos dominado, y quienes hemos doblegado al animal, queda sin argumento cuando saltan noticias a nuestros oídos como ataques a humanos por parte de animales etc.
Ahí entonces culpamos a la inutilidad humana, o a la irresponsabilidad.
¿Por qué debería ser una irresponsabilidad retar a quien dominas?
Queda demostrado entonces, que el animal depredador no nos considera un rival, ni mucho menos, ni si quiera un alimento. El animal ya no considera animal al humano, y por tanto, hemos dejado de ser animales.
Si procedemos de los propios animales, ¿somos la antítesis de la naturaleza?
¿No somos naturales acaso?

“El ser humano tiene el gen de su propia autodestrucción”. Es cierto.
Los animales basan sus vidas, o sus etapas vitales (definamos más tarde vida), en los simples instintos, reacciones lógicas antes problemas que aparecen en el día a día.
No hay más que eso, acción-reacción.
El ser humano, en cambio, añade otra palabra a la definición animal de vida; acción-reacción-repercusión.
El ser humano, en un hábitat de naturaleza, piensa en las repercusiones.
Ahora bien, no niego que el animal no conozca las repercusiones de sus reacciones, pero son totalmente aleatorias e indirectas. El animal no busca repercusiones directas, sino soluciones indirectas ante problemas, utilizando reacciones.
El ser humano, tiene la capacidad de pensar en una futura repercusión, en un hábitat normal, a través de sus propios intereses.

¿Qué son los intereses del humano? El ser humano vive a través de sus propios intereses.
Podemos definir la vida, como la búsqueda del constante bienestar, de un bienestar consistente en la satisfacción de los intereses propios, basados estos en las necesidades, y pueden ser económicos, filosóficos, de realización personal… etc.
¿Las necesidades, por tanto, son lo mismo que los intereses?
No. Un interés es un plan de ejecución, por el cual se sabe o se cree con seguridad, que las necesidades del hombre serán resueltas.
Debido a la enorme variedad de necesidades existentes en el ser humano, los intereses requeridos por cada uno de nosotros son distintos, y por tanto, los planes de ejecución cambian entre unos y otros.
Ahí comienzan a aparecer las primeras diferencias, las primeras anteposiciones, y las primeras síntesis.
Los intereses nunca van contra natura. Es cierto que los intereses pueden ir en contra de la salud o la integridad del ser humano, sin embargo, al ser planes de ejecución elaborados por él mismo, nunca irán contra su persona.
Un ser humano busca siempre su felicidad, anteponiendo sus intereses siempre por encima de cualquier cosa, de cualquier otro interés.
Es una afirmación arriesgada, pero es la primera realidad que puedo confirmar; el ser humano antepone sus intereses siempre. Puede parecer que los deja de lado, para ayudar a realizar el plan de ejecución o interés de otro ser humano, por afinidad política, familiar, social etc., pero lo único que hace es posponer sus intereses para más adelante, su interés no desaparece por acción propia, sino que el tiempo (desembocado en olvido, este olvido promovido por la aparición de otro interés que suplante al actual) cambia el interés del ser humano por otro más actualizado y necesario.
La idea actual de interés, es equivocada para la mayoría de la gente, puesto que entienden interés como algo económico o ambicioso, capaz de destruir a cualquier persona con tal de subsanarse y realizarse.
No es cierto tampoco, el interés es una necesidad vital, que perfectamente puede ser la necesidad de ayudar a los desfavorecidos, como escribir una novela, como montar una guerra. Dentro de un interés, pueden aparecer reflejados los intereses de otras personas, siempre y cuando sean afines y apoyen a tu propio interés.
Un interés antepuesto a otro no puede luchar por lo mismo ni con los mismos recursos.
Por tanto, el ser humano basa su vida en la imposición de su interés por encima de cualquier otro, de manera que satisfaga sus necesidades.

Volviendo de nuevo la mirada atrás en el tiempo, observamos como ante la incapacidad del ser humano para resolver ciertas necesidades, siendo incapaz de elaborar intereses capaces de subsanarlas, creó la idea de “Dios”.
No entraré a juzgar su existencia, puesto que como decía Wittgenstein; “De lo que no se sabe, lo mejor es callar”
Debido a que no siento como necesidad propia encontrar una respuesta a Dios, la indeferencia termina dominando el subconsciente humano, de manera que esa necesidad nunca llegue a ser necesaria, y por tanto, no sea necesario elaborar un interés de modo que se encuentre una solución al problema de la existencia de Dios.
Lo cierto es que, volviendo al tema del hombre como dominador, si controlásemos todo, jamás nos plantearíamos una idea como la de Dios.
Sin embargo, dicha idea crea controversia, de tal manera que llega a anteponer pueblos enteros, por el simple hecho de creer o no creer.
¿Quién llegó primero, el que creía en Dios o el que no creía?
Puesto que si el primero fue el creyente, antes de ser creyente no creyó, y si el primero fue el no creyente, por que iba a creer alguien en algo que no se pronunció jamás.
También es cierto, que la idea de Dios fue creada por el hombre, ante su incapacidad para crear intereses eficaces que terminasen con ciertas necesidades.
Sin embargo, hoy en día sabemos crear esos intereses, ¿por qué se sigue creyendo en Dios? Por el sencillo hecho, de que aunque la ciencia esté avanzando, seguimos sin encontrar la solución a problemas en los que es cierto que avanzamos, pero no llegamos.
Por tanto, se sigue creyendo en Dios y se le culpa de cosas para las que no tenemos respuestas. ¿Cuándo desaparece la figura de Dios? Nietzsche afirma que Dios ha muerto, el hombre contemporáneo le dejó malherido, y ahora yace muerto. Sin embargo, se continúa creyendo en Dios, y se le sigue utilizando como respuesta.
Mas, cuando terminemos de elaborar respuestas, morirá Dios como idea (su presencia y existencia es superior a mi raciocinio, por tanto jamás negaré o afirmaré su existencia, simplemente la creeré o no), puesto que dejará de ser necesario.

La realidad radical por tanto de Ortega, ¿morirá con Dios?
¿El mismo instante en el que encontremos la última respuesta, el último escoyo para lograr nuestros intereses, se terminarán los “quehacerse”, y por tanto, perderemos el sentido de la realidad? No, por el hecho de que nunca se encontrará la última respuesta.
El ser humano, volviendo de nuevo al tema de la anteposición, ha vivido enfrentado durante toda su existencia, contra él mismo.
El ser humano libra una batalla, que es diaria y vital para su existencia: el conseguir sus propios intereses.
Para lograrlos, pasará por encima de cualquier cosa, siempre y cuando sus intereses no corran peligro grave de ser diluidos.
La realidad, al igual que la convivencia social, ¿sería llevadera si cada cual consiguiese realizar sus intereses, en plena armonía e independencia (conocido comúnmente como anarquismo)?
Por supuesto que sí, pero entonces seríamos animales, y esa idea quedó derribada.
Si siguiésemos perteneciendo al mundo animal, la resolución de las necesidades sería pacífica, puesto que buscaríamos nuestro propio interés sin más.
Sin embargo, el elevado número de animales que seríamos (muy semejante al que somos como humanos), terminaría creando predadores y cazados, y anteposiciones, y crearía una nueva realidad, innecesaria.
La armonía y la plenitud en la resolución de los intereses, el ser humano sólo la conseguiría, si siguiese perteneciendo al mundo animal.

Lo que se conoce hoy en día como autoconciencia, capacidad de raciocinio, intelecto, lóbulo frontal… o sentimientos e ideas, hacen que la convivencia en armonía sea imposible.
¿Por qué es imposible? Por dos sentimientos pertenecientes al ser humano, uno inculcado por la naturaleza, y uno propio.
El primero, inculcado por la naturaleza, es el conocido como instinto de autoconservación. El ser humano, necesita tener el control de la situación para poder realizar de manera armónica consigo mismo sus intereses, de cualquier otra manera, pueden surgir factores externos (otros intereses), que se interpongan en su interés, corriendo el riesgo este de morir sin ser subsanado.
El segundo sentimiento que aparece, es la envidia.
Las capacidades humanas son limitadas, creando así desigualdades entre los distintos seres humanos. En parte, dichas desigualdades son necesarias (ante la imposibilidad de ser perfectos), para crear una “cadena de montaje”, en la que se pongan todos los intereses, y sean satisfechos por igual. La envidia aparece entonces, como un virus que se expande sin control. El menos capacitado (que no el discapacitado), observa como otros consiguen subsanar necesidades, y no les resulta muy difícil. Su espíritu de autoconservación entonces, se da cuenta de que en caso de tener la necesidad subsanada anteriormente por otro con esa misma necesidad, él no podría crear un interés que la subsanase, y el único plan viable es intentar convencer a otro ser humano, para que en caso de necesitarlo, lo haga por él.
Ahora pueden aparecer dos factores: la activación del instinto de autoconservación por parte de el otro (no me interesa ayudar, puesto que no beneficia mi interés) o la aceptación interesada (beneficia mi interés, y por tanto le ayudaré).
El segundo por tanto subsanaría esa necesidad, otorgando al menos capacitado la seguridad de que podrá crear un interés en caso de necesitarlo.
En caso de que aparezca el primer factor, sin embargo, existen dos posibles reacciones por parte del menos capacitado a la hora de crear su interés; buscar a otro que le ayude a crear ese interés, o por el contrario recurrir al engaño; en ese caso, si consigue engañar al otro humano, estará creando su interés y se sentirá realizado.
Sin embargo, tarde o temprano, el otro se dará cuenta del engaño, puesto que su propio interés quedará en un segundo plano con el interés del que recibe la ayuda.
Y en ese instante, se crea la primera anteposición de la historia del ser humano; el engañado se da cuenta del engaño.
Ahí comienza la primera batalla librada por el hombre, la búsqueda de intereses, que no puede ser pacífica debido a la envidia y al instinto de autoconservación.
En ese momento, el engañado buscará una tercera persona, que pueda poner fin a ese engaño, creando así un interés alrededor de esa tercera persona, y engañándola en el fondo, creando de nuevo una nueva anteposición, un nuevo engaño.
Así, con el trascurso del tiempo, el hombre crea sus intereses a partir de engaños, y el que mejor sabe crearlos, termina siendo erigido como líder.
¿Quién es el líder? Aquél que mejor engaña, aquél que sabe crear sus intereses de manera que el resto piensa que sus intereses son favorecidos, mientras lo que hacen es favorecer el interés del líder.
Ahora bien, se podría pensar que entonces, el problema es el líder, y la solución sería acabar con cualquier tipo de líder.
Error, los líderes surgirían, puesto que para acabar con ellos deberías recurrir al engaño, convirtiéndote así en el líder de la rebelión, líder al fin y al cabo.

Ahora la duda planteada, es si de verdad son necesarios los líderes.
Me atrevo a pensar que sí, el ser humano que puede ser engañado, no puede ser líder. Peor que si puede ser engañado por un líder, puede ser engañado por alguien que no haya engañado al líder, y sin embargo a él sí.
Por eso mismo, el ser humano necesita alguien que le engañe bien, de manera que se cumplan sus intereses, aunque lo que hagan es favorecer a los intereses del líder.
Por tanto, ¿exaltamos la figura de los dictadores? No. Un dictador es aquel que llega al poder a través de la fuerza, y la fuerza no es el engaño. Un líder debe ser alguien que sea capaz de engañar al resto. Sin embargo, detrás de ese líder, hay más gente capaz de engañar a todos menos a él. Y detrás de este, hay otro más que engañan al resto menos a los otros dos.
Por tanto, para engañar de manera fiable a todos los seres humanos, el líder debe saber a quien engañar, de manera que le ayuden a engañar al resto, y crear así un grupo de gobierno estable.
El problema, sin embargo, aparece en cuanto el líder se vuelve líder, y su condición de líder aparece; la ambición se hace presa del líder, de manera que deja de engañar al resto, para mentir al resto. Comienza a despreocuparse del interés del resto, y en el momento en el que ya ha cumplido su interés que era engañar para liderar, le aparece la nueva necesidad de demostrar que vale más que nadie, y puesto que eso no es así, sus intereses le llevan a mentir, haciendo creer que su figura debe ser exaltada, y que él y sólo él, merece que se le concedan todos los lujos y caprichos, por el simple hecho de ser el líder. Ahí el resto de seres humanos, detectan la anteposición, puesto que sus intereses han dejado de importar, de manera que ahora son esclavos del interés del líder.
Puesto que es el líder por que sabe engañar mejor que nadie, la manera de derrocarle no está en el pacífico engaño, si no en la mortal violencia; si no puedes engañar al líder, acaba con él.
¿Es culpa del resto de seres humanos? No, la culpa es del líder que no supo comportarse como tal.

Entonces, ¿líder o no líder? La figura del líder es necesaria, pero debido a su condición de ser humano, jamás existirá un líder capaz de mantener a raya su ambición.
El líder perfecto sería aquel inmune a cualquier capricho, que simplemente viviera para sus intereses, engañando al resto de seres humanos, de manera que estos no vieran truncados sus intereses, y por tanto no vieran el engaño.
Definitivamente: el líder ideal sería Dios, no quien le representa, sino él mismo.

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