¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

1 sept. 2010

Volveremos al pasado.

Abreviamos tanto nuestras conversaciones
alargamos tanto los silencios
que volveremos a hablar por signos.

Crearemos un mundo, en el que el mudo es el rey,
el sordo su secretario, y el tuerto el que no ve;
cómo se desmorona toda creencia,
cómo se quema el aire, entre nuestra piel.
Cómo se evaporan las lágrimas de miel...

Y en este desierto sórdido, por el que no pasa la luz,
estará perdido el aire, entre dunas de ignorancia.

Todo está perdido, todo está... ¿olvidado?
No aprendemos del pasado, más crece la distancia.
Es la Luna la que ladra, mientras el hombre la canta,
en este mundo loco, de dos, de besos; pocos.

Al igual que abrazos; rotos, miradas cómplices y fotos
que despegan de los ojos, de este corazón sin fe.

Pues todo se termina, nada queda; ni distancia, ni dolor, ni espada... el fin de un Sol consumido,
cansado de rayos de esperanza.
El calor de un Dios dormido, una diosa, una musa...
el motivo de este olmo, para florecer una noche más.

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