¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

3 jun. 2012

La noche nos alcanzó.


Caeremos sumisos ante el sueño abrazados.
Si no despiertas a tiempo nos cogerá,
sin posibilidad de huir, de marchar...
la noche caerá suavemente, nos encerrará entre sus tonos ocres...

Despierta antes de que llegue el monstruo,
el que está sobre tu cama levitando, el que apaga tu luz por la noche.
El que está encerrado en el armario, en un saco con botones...
despierta que viene la noche, que no nos encuentre abrazados.

¿Por qué ocultar la intimidad?
Si ahora nadie nos verá, podremos seguir bailando en penumbras.
Si al caer el negro manto una vez más, nadie nos juzgará;
nadie podrá encontrarnos entre tantas curvas.

No era el momento de correr por el parque...
allí estaba expectante, insinuante y nunca esquivo.
Era la perdición...
sumido a su maldición, nos encontró distantes.

¿Por qué las farolas mantienen su canción?
De color butano, padres del despropósito.
Fue nuestra canción, danzaba entre la sombra.
Noté su diente y entendí que todo al final zozobra.

Ya no hubo canción, ni buenas noches.
No habrá colchón más cómodo que saber que ya no estamos.
Que ya no somos, que nos vamos.
Da igual que despiertes, si ya no existe la luz...
se ha fundido la luz.
Tus pies serán la guía a través del dolor.
Apartando del sendero los obstáculos que sobren.

Un aullido en aquella ciudad.
Un reguero de esperanza maltratado sin ti.
Brotaba de mi pecho otro aullido más;
lobas, hienas grises y carmín aturdieron...

La noche nos alcanzó, ya no duermas más.
Ya no estamos abrazados, estamos rotos.
La noche nos alcanzó, no dio tiempo a correr.
Y aunque hubiéramos podido, era mejor perder así lo poco que...

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