¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

13 nov. 2010

A contrarreloj.

Comenzó a correr el día que te conocí,
y no paró desde entonces.
En una carrera contra el tiempo,
que ya no se quién va a ganar.

Pasaron las tres y te vi sentada,
malherida por el desamor encapuchado,
de rostro embarrado por los suelos que besó
al no estar a tu lado.

Son las cuatro y ya te veo más cerca,
dejando atrás al viento, rozándome tus piernas.
Desheredado yo por la paciencia,
corruptas de ilusión mis venas.

Cierra la manilla en siete, y
el primer beso llega, hermoso, terrenal y breve.
Y las ocho el primer canto a la Luna,
abrazados en aquel banco.

Dejando atrás las diez, y todo a cambiado.
Ya no soy el niño desaliñado, ni tu la princesa
que esperaba. La rutina y monotonía cansan el alma...

Ya pasan de las doce, y no te encuentro,
y aunque te busco, sigo sin verte.
¿Dónde te metes últimamente, que ya no muero por verte?

Y el final llegó a contrarreloj, como todas las historias
de amor fracasado por el tiempo que consume.
Y como todas las historias, me quedé con su reloj,
me impregné en su perfume...

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