¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

28 feb. 2012

Llorar al recordar(te)

Con la primavera llegó el final de aquel sin fin de roce.
El tiempo que pasamos atónitos, terminó allí.
Las noches se vendieron al mejor postor, terminó el absurdo derroche.
Y cada reproche, hoy por hoy nos sabe a traición.

Pasó aquel invierno eterno, y su recuerdo nieva sobre mí como plomo.
Aún hay senderos de hielo que persiguen nuestras huellas,
aún hay resquicios de algo que nos hirió hasta matarnos.
Mira hacia atrás… todo ha cambiado ya… regresa a tu realidad.

Presas del bruxismo, y tenues luciérnagas que de miedo temblaban.
Así éramos nosotros, dos grillos en la noche, dos almas consagradas
en la reciprocidad aparente de aquellos actos; fríos y vacíos.
Y hoy ni tu piel me quema, ni mis ojos se ahogan al recordarte.

El campo de batalla nunca fue el adecuado, ni mis armas para pelearte.
Ya no hay ganas de seguir luchando, y aún así no me atrevo a mirarte.
No vuelvas más… siento como el vacío me llena, como mi alma se condensa.
Déjame en paz… quiero saber qué se siente más allá de nuestra lucha eterna.

Déjame en paz, que esto acabará tan mal que no tenga remedio,
que el fuego que nos quema se hará eterno, que la realidad nos matará.
Aunque siga existiendo tu olor en cada paso, tu huella en cada sombra,
tu mirada en cada ventana, tu sabor en otras bocas…

Muérete, por todo lo que dejaste escapar, por encallar ante esta soledad.
Déjalo ya, deja de engañarte, ella nunca volverá…
Muérete, olvídame y vete, y si te pierdes, busca otro hidalgo para cabalgar.
Presas del bruxismo y de un sabor eterno… sólo nos queda llorar al recordar.

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