¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

30 may. 2010

El llanto del Faro.

Permanece en mi cabeza la melodía
del faro que desconsolado lloró.
Aquel que nunca supo ver el viento,
del que su corazón nunca se supo.

Aquel que aguarda triste el barco,
que extraviado mantenga su rumbo,
y llegue a sus playas de espanto,
y zozobre al tocar su mundo.

El frío veraniego en sus huesos cala,
en su alma, el arma del perdón sin represalia.
Y su amor vendido por quien ama,
imponiendo su ley cayó.

Y la roca del faro murió en la costa,
el acantilado manchó con su sangre,
evocó el hedor del hielo, y con miedo,
barrió las playas de Cádiz con su arte.

No volvió a ser, sobrante más no fue,
tensó la cuerda el tiempo necesario,
y colgado de su llanto,
acabaron las penas de su espanto.

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