¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

18 oct. 2012

Historias narcisistas a cuatro patas.

Salgo a la calle y el mundo parece querer entorpecerme el paso.
Miro de reojo a los viandantes, tan desmesuradamente...
que parece raro.

Salto al raso a través del fuego abierto de tus manos.
Multiplico mi inconsciencia por doscientos ante un nuevo vagón;
repleto de gente que escucha inerte como muevo mi subconsciente,
y me transformo, mírame, ya no soy yo.

Danzo entre tumultos de gente espesa.
Vueltas y vueltas que te giran a expensas desde un mismo radar;
subacuático si llueve, y me mojo en tus aceras.
Vuestras mentes creen que dominan, pero soy un alma inquieta.

Y así contemplo la ciudad, entre lirios y azucenas.
En su gran inmensidad mi sabiduría me rebela;
que si duermes panza arriba puede que ellos te pisen,
los mismos que te alimentan cambiando de careta al anochecer.

Olores que me eleven por el aire...
Vientos que hacen mi pelo vibrar.
Para sus rascacielos yo soy un don nadie,
que visita su ciudad... y molesta.

Vuelvo a mi consciencia arrollado  por la prisa.
Bajo en la estación sin pausa, Atocha me espera.
Puedo ver mi reflejo en una cristalera,
y todo lo que se me ocurre es "guau".

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