¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

29 ago. 2015

Hay veces.

Hay veces en las que me culpo de todo.
Te miro,
y no encuentro más que sombras,
luego vuelvo a mirar.

Me paro frente al espejo al que huí desde tu casa,
me siento una vez más y me repito lo mismo,
lo mismo de siempre,
como un accidente en bucle o como verte infinita;
¿qué te hizo la vida?

Y me siento un poco más pequeño al recordar
de mi dependencia,
de mis horas de mirar al techo por ti.
De sonrisas tontas que cayeron,
de reproches tontos que callaron.
Me siento demasiado pequeño, quizá,
demasiado simple para entender mi lealtad.

En esta urbe de trayectos sin sentido,
y vías de escape que nos llevan a perdernos,
aún más,
sigo intentando descifrar tu sencillez,
"sí, fui tuya y mía a la vez", gritaste.

Y lo sé,
no te voy a mentir.
Sé que si yo no apretara el botón,
que si tu no fueses tan imbécil,
que si yo fuese algo más real,
y que si tú no vinieses a verme.
Que si lo que hoy nos une nos separase,
y aunque lo que ayer sentimos se evaporó.
Sigues en cada una de mis frases,
y así, no.

Contrapesas mi balanza, ¿sabes?
Mis oratorias, mis esperanzas en mi mundo mejor.
A veces me sigo sintiendo culpable por esto,
y sin embargo, otras, (las menos),
acepto con el puño cerrado que fuiste tú la que cambió.
Que yo no me enamoré de esto.
Que no, que no.

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