¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

28 dic. 2011

Mírate, míranos.

Mírate.
Por dentro y por fuera, como si no te conocieras.
Dame la mano, anda, que te veo pálida.
Correr fue mi gran idea, mientras tus piernas chirriaban; tonto de mí.

Si te pedí un jamás, ¿a qué viene este "lo siento"?
Reapareces como si nada importase, y te caes ante mí,
postrada ante un inútil que se olvidó sonreír.
Me miras y te ríes: "estás tan raro".

Si tú supieras, si te contase, si alguna vez hablase de algo que no fuera...
La chica que susurraba, ahora te recuerdo.
Joder, pues tampoco has cambiado tanto;
alguna que otra arruga, la voz martilleada por el tabaco, y un aroma a soledad que tira para atrás.

Me miras y sonríes, vislumbro una lágrima que cae por tu mejilla.
El vivir deja secuelas, ¿verdad?
Ven, te enseño aquel lugar en el que descansábamos antaño, y así podremos dormitar.
Y dormida sueñas con volar supongo, mientras suena a tempestad en mis afueras.

Tambores de guerra indicaban tu presencia; preparé el asalto final.
No eres para mí, me repito mientras asciendes cual geiser helado.
Fría y ácida a la vez, tus palabras salpican mi armadura.
Comenzó el sprint final, a penas me queda tiempo, te volví a dejar entrar y erré...

Míranos.
Nuestro alrededor y nuestros miedos.
¿Te das cuenta como hemos acabado?
Entonces, un abrazo y un café imaginarios firmaron una paz que no existía.

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