¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

20 mar. 2011

El humor vistió de Prada y...

La llama del amor alumbró su borrachera,
y entre gritos distinguió la sombra de lo que era.
Porvenir trovado que calló a su encuentro, mas lo siento,
no conseguí seguir con aquella parafernalia.

De timidez caía por su propio peso,
de perseguir fantasmas se tumbó, extenuado por las ilusiones.
Vagas, vanas, balas que en su alma encontraron un blanco perfecto.
Y sus ojos en llanto, las manos sangrando, y mis labios ardiendo.

De tanto dar palmadas ahuyentando los silencios,
el humor vistió de Prada y me acompañó a mi entierro.
La brisa trastocó la música que emanaba,
y que callaba cada sueño que fue sincero.

Dijimos; viva la ironía, di saltos de alegría,
la melancolía visitó la judería, que quería verme humillado,
para así reírse de un hombre maltratado:
insultado con desprecio cuando tus ojos me miraban,
dañado cuando tus manos, tocaban.
Quemado cuando tu sien en mí pensaba.

Vete, no quiero verte y vete. Verde te quise yo, y negro dejaste el presente.
Pero no estoy acabado, aún quedan gritos en mi silencio.
Balas en la recámara de un adiós eterno.
Vida dentro de la muerte de mi alma, que por ser sincero manchaste mi cama.

Ahora mira como el cielo, con su ejército de ángeles te reclama.
Como la verdad quedará oculta entre batallas, y de vencedores vencidos llenarán las almas.
Mas yo esperaré tranquilo, no tiene prisa quien ha muerto.
Adiós te digo, mas adiós con peros.

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