¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

16 abr. 2013

No hay porqués.

No hay porqués que den derecho a ser cobarde.
Igual que la música no se puede atar,
y el penar es indomable.
Andaba dormido sobre su cuna,
sin más miedo a la Luna, del que ella le tuvo jamás.
Y aún, sintiéndose almirante,
dueño del oscuro deseo que escondía el azar.
Decidió volar a Marte, buscando en la ventana,
un nuevo sueño que arruinarse.

Él tiñó de azul el cielo,
y tras caerse dentro del adiós,
se sintió un cobarde en al amor.
Él tiñó de blanco la azotea,
y desde su balcón, su mirada inquieta,
lanzaba mil pesquisas que le hacían inaccesible.

No hay porqués que te dejen ser cobarde.
No hay ni un momento en el que cambies de canal,
y veas, que hoy el mundo es más amable.
Que las estadísticas sueñan con un cien por cien de amor.
Y que en la noche, tan fría y maleable,
te sientes vulnerable…
No hay porqués que permitan ser cobarde,
ni ningún beso es en balde,
ni existe canción perfecta para hacer que te olvides;
que un día tuviste a nadie,
y cuando ese nadie marcha,
tu puede quemar su olor.

No hay porqués que permitan que te marches,
y sentado en su tejado, soñando con volar,
sólo le guía su voz.
Saltó, por sentirse vulnerable,
por no querer ser cobarde,
porque así él lo escuchó.
Y si algún día, ella vuelve a buscarle,
él volverá a volar…
pues ella nunca existió.

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