¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

7 feb. 2013

Camisa de fuerza.

Su camisa de fuerza, y le hacía tan débil.
Tan niña.
Cómo en una ensoñación de la que nadie sabe huir.
Besa el aire, y en un susurro,
vuelve a despertar.

Es fugaz y no comprende el sino;
un café con Ra y una sonrisa de terciopelo.
Agita su conciencia la mañana.
El agua, caliente, le transforma en lo que siempre quiso ser.

Ella es agua que camina sobre el agua.
Sus ligeros pasos desembocan cuando calla.
No, no. No te asustes si no vuelve.
Sólo disfruta del viento, ella será el oleaje…

Costas, praderas, orillas, rascacielos de luz desenfocados.
Ramas, espinas y aguas que de turbias morirán.
Rehenes inconscientes, las aves que se sumergen en tu gravedad,
en tu verdad, en tu radical camisa de fuerza…
en tu cálida ausencia.

Hay relojes suicidas que gritan al ver que no estás.
Manecillas que apuntan señoras, que cuentan historias de nunca jamás.
Expulsa tu garganta el humo de un cigarrillo más,
y no; no. No seguiré buscando.
Si tú eres el levante, y yo siempre acabo naufragando.

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