¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

10 dic. 2014

Aún guardo tu voz en un orfeo.

Aún guardo en un orfeo tu voz,
el acento argentino que pones a cada uno de tus instantes.
Lo agridulce de lanzarte al mar a ciegas,
aventura y miedo, así te resumo;
así te guardo.

Y te envidio;

- por haberte vuelto infinita,
como una idea de Nolan,
o cualquier disco de Pucho.

- por lo poco que necesitastes para hacerme finito,
como un papel mojado por la lluvia,
(que mece mis mareas de cemento y pladur).
Como el humo, como un rayo de sol en Islandia,
como un domingo sin ti.
Como el café, y un domingo sin café.
Calor que emana de mí, aire.
Ausencia.

Nada vale lo que tu viaje necesita.

Y sé que rindes cuentas a Dios al volver,
y preguntas a cada rincón si debiste o no.
Sé de tus miedos a sentir valor,
y tus valores de amar lo que temes, de las dudas infinitas,
sé de tus consignas en batalla,
y de la cara cuando reculas,
sé que besas con ojos cerrados, y que gritas sin sentido
cuando lo inhumano se hace presa de lo injusto,
de tu fe en que la nada no será eterna,
tu fe un mundo que nunca existió.

Aún... aún guardo tu voz en un orfeo.
Y... beso a tientas cada uno de tus insomnios,
agradezco al día otra mañana sin sol que te nuble la vista,
porque de noche te desnudas,
porque desnuda no te rozan las heridas.

Sueña amor, sueña.
Yo vigilo en las almenas.
Traeré ofrendas en forma de nuevas gestas.
Ilusión que mengua en su bucle de tristeza...
esperanza que nace de sonrisas ajenas.

Música, arte.
Fe.
Tú.

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