¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

31 oct 2011

Teoría del valor.

Me encontraba escribiendo, frente al portátil, como cada noche, como cada día… cómo siempre. En eso se basa mi vida, para eso estoy aquí supongo, para escribir. Hacía un par de horas ya que la televisión había caído muerta en las manos de la “tele tienda” y de los concursos regidos por herederos de Dinhio.
Estaba liado con un poema, versaba algo sobre un fantasma y una capa de titanio que le anclaba al suelo… no estaba teniendo una forma definida, ni una idea, iba a ser de esos de los que desecharía rápidamente.
Entre tanto, yo pensaba en mis cosas, en mis ideas, en mis ilusiones y fantasías… nunca daba buen resultado, siempre sacaba la misma conclusión; solitaria y desesperanzadora conclusión, estaba sólo.
Se apagó entonces el portátil, como por arte de magia. Me quedé a oscuras en mi habitación; no había nadie en la casa, no que yo supiese. Me levanté de la silla, con mi cuerpo rígido; tenso. Intenté tocar la mesa junto con el portátil, procurando situarme dentro de la oscuridad que ahora envolvía la casa, o por lo menos, la habitación en la que yacía.
En momentos como aquel, solía recordar aquellos miedos que me maniataban en la cama, que no me dejaban despegar la sábana de mi cabeza. Me entró un escalofrío que me recorrió toda la espalda; por su intensidad, podría haberlo confundido con el tacto de un dedo frío, pero prefería no pensar en ello. Noté entonces como algo dentro de mi pecho quería salir corriendo de allí, no se encontraba agusto entre tanta oscuridad; descarté la opción de que fuese algún tipo de alien, y lo entendí; era mi corazón, estaba nervioso.
Anduve un par de pasos hacia detrás, buscando la pared que componía el pasillo que daba a mi puerta. Seguí avanzando, intentando chocar en algún momento con la puerta, cuando sentí la presión que ejerció la puerta al golpearme en el hombre, haciéndome caer al suelo. La puerta estaba abierta; alguien había entrado. El corazón aumentó entonces su ritmo de bombeo, y como si de un niño pequeño y asustadizo se tratase, me levanté, y comencé a correr de manera intuitiva en dirección a las escaleras que me condujesen a la planta de abajo, donde se encontraba el panel de los fusibles. Bajé los peldaños de tres en tres, y en cuatro zancadas, había llegado a los fusibles. Estaba frente al cajetín, pero los nervios no me dejaban abrirlo. Me temblaban las manos, me sentía patoso, pero lo conseguí, la abrí, y volví a reconectar el circuito eléctrico, y se encendieron las luces de la casa. Eché una mirada fugaz alrededor del pasillo, intentando cerciorarme de que no había nadie detrás de mí.
Todo despejado; pensé para mis adentros. Pasé a la cocina antes de subir, y cogí la linterna por si acaso de volvía a ir la luz, debía estar preparado. Subí los escalones, esta vez con sumo cuidado, vigilando cada paso, y sobre todo, el momento en el que la escalera se torcía a la izquierda. No había nadie, todo despejado. Llegué al rellano de la segunda planta, y para mi sorpresa, encontré las cinco puertas cerradas; incluida la de mi habitación. No era lógico, nada encajaba.
Me acerqué con cuidado a la puerta, y agarré con fuerza el pomo, para intentar abrirla lo más suavemente posible, intentando adelantarme a cualquier peligro que pudiese haber entrado en mi habitación. Con la otra mano, empujé la puerta transmitiendo la fuerza a través del empuje que la linterna permitía. Lentamente, la puerta fue cediendo, hasta que pude ver que tanto la luz de la habitación como el portátil estaban apagados. Enfoqué con la linterna entonces al hueco que quedaba entre el escritorio y la cama, buscando algo o alguien que estuviese por allí. No observé nada, por lo que decidí abrir la puerta del todo, y encender la luz.
No puede evitar que el corazón se me diese un vuelco, se me cayó la linterna al suelo, y la pude ver rodando en dirección a la parte donde habitaba desde hacía años el monstruo de debajo de la cama.
- Joder Daniella, algún día podrías llamar y tal, esas cosas que hace la gente normal.
- Si fuese normal no pensarías tanto en mí, y lo sabes Cañete – una sonrisilla se le escapó, mientras que yo intentaba desacelerar el ritmo de mi corazón.
- Ahora que casi me matas del susto, espero que el motivo de tu visita no sea verme muerto, ¿no?
- Todo lo contrario pequeñín – una sonrisa pícara escapó de sus labios.
- ¿A qué te refieres? – la intriga se impregnó en mi rostro entonces, no sabía qué podía querer aquella noche.
- ¿Cómo es eso que escribías antes de mi llegada…¿el seno de la muerte es amplio, no es difícil dejarlo todo atrás?
- Algo así era sí, ¿por qué? ¿No te gustan mis versos? – intenté ironizar al respecto, quitarle tensión al asunto.
- Déjate de gilipolleces anda Cañete. ¿Te estás dando cuenta de lo egoísta que eres?
- ¿A qué viene eso?
- Estás pensando en dejarlo todo, sin consultar con nadie. Sin llevarte nada, después de todo lo vivido. ¿Te parece normal?
- Bueno, estoy cansado, necesito un cambio…
- Pues cambia. Cambia lo que te rodea, cambia tu forma de ser, tu forma de vestir. Cambia, pero no huyas, cobarde.
- Es curioso que tú me digas que no huya, una chica que aparece cuando le da la gana, para volver a salir corriendo.
- No es cuando me da la gana, imbécil, aparezco antes de que hagas alguna gilipollez, como la de por ejemplo, salir corriendo. Mírate; ¿llevas tantos años luchando contra todos, y ahora que estás a punto de conseguir lo que tanto ansias, huyes? – tenía razón, me había dejado sin argumentos.
- Lo siento…
Se apagó la luz, y aparecí en el cuarto de baño, observé mi reflejo… lo entendí, correr no era la solución, no había sido creado para ello.

28 oct 2011

Where?

Come, come back, it’s not the end.
Keep it real, listen me shouting you; hey!
Where’re you today? I can’t see your steps.
These walls seem so grew without you,
and a tear is dying on the floor.
Keep it real, keep on wealth my breath; where’re you, where?

Nights are falling in darkness cause’ I’ve not your light today.
Please, find your way to come home, it doesn’t matter when; just come.
I’ll stay alive since I’ll see the moon changing her face,
here, where you changed my mind, I’ll stay.

You appear in my dreams; there is where you appeal to my calm.
Then, my sweet dreams became nightmares, when I saw your shadow going away.
Someone tell me ones, that you won’t be mine forever, but;
what means really ever? Cause’ one time I told you, I’ll love you ever,
and I keep that here, in my soul, in every breath.
In every time I think on you, in every strength. I only want to ask you; where?

Cause’ I’ll keep my searching on; I want to solve my mistakes.
Just give me one more chance, and you’ll see how I’ll change.
Stop for a moment, it’s O.K. Keep on dress loneliness.
I want to take a rest to accept, that I only know the happiness with her.

Falling skies are looking me up, clouds that appeared over my head to keep me well.
No more cell phones calls, no more ways without you.
And one more night, shouting for you…
my pain ask; where?

21 oct 2011

Dicen que tu cama se está apagando.

Dicen que tu cama se está apagando, que por las noches te ven gritando sola
y, que ahora miras de reojo antes de cruzar la calle.
Dicen que tu pelo no volvió a ser negro, que tus ojos se ahogan cada amanecer en tu balcón,
que el viento ya no sopla por tu calle, que tu corazón tiene siempre el mismo compás:
piano, pianísimo.

Dicen que de vez en cuando rompes cristales con tus manos, que saltas sobre clavos si te aburres,
que pisas el cemento por miedo a quedarte pegada a ese sentimiento.
Dicen que no hay ni un solo momento que te sientas bien,
que los muros que te atan a la locura te encierra además, que ya no te arreglas al salir.
Dicen tantas cosas sobre ti que no sé qué creer.

Si los que dicen que dejaste cualquier resquicio de tu alma muerto,
que machacaste las esquinas para poder hacer a tu corazón esférico; perfecto.
Si a los que dicen que tu cara ahora se oculta tras un velo, demacrado velo,
que demuestra tu impotencia para salir de ahí.
Si te has encerrado en un bucle de desatinos, del que no puedes huir.

Dicen que tu cama se está apagando, eso es porque no han visto tu cara.
Ni las ojeras que hoy te bordan, ni las ganas que te ahorcan en tu alcoba,
ya no buscas un corazón escoba, para miedo a naufragar...

Dicen que ya no escribes poesía, que has perdido el ritmo.
Que un mismo destino mancha siempre tu papel.
Dicen que tu realidad hoy se oculta entre sombras, que tienes un pasado oscuro que esconder,
que los anocheres te duelen porque te da miedo perecer, no despertar.
Cerrar los ojos y ver que aún sigue ahí, marcando tus latidos; Tic-Tac, y tu reloj se queja.

Dicen que ya no eres la princesa de la larga cabellera, y que las piedras no rebotan en tu ventana,
que ya ninguna risa rompe la monotonía de la noche, no irradias felicidad.
Dicen que vives en penitencia, que no demuestras tus carencias, que ya no narras tus vivencias.
Que no hay esperanza para un alma condenada por un recuerdo inoportuno,
por una fe ciega, por una vida en las nubes; dicen que al cielo ya no subes.

Dicen que tu cama se está apagando, mientras tu reflejo se va haciendo de plata,
ya no te quema el sol, te relacionas más con esta luna de nata,
el verte así me mata, tu corazón de hojalata se atasca y, no encuentra la salida a tanto sinsentido...

Dicen que no volverás a ser la misma, dicen que no tienes remedio.
Que pasas menos tiempo aquí que en Babia.
Dicen que sólo un mal momento puede destruir una vida sana, que no te lo mereces y,
que si por ti fuera, no habría un mañana, ni otro él, ni otro nosotros, ni otra cama.
Dicen que la sombría de un nuevo día te quema con dulzura, que sólo tristes melodías hoy tu habitación recorren.
Que puede que haya recuerdos, que nunca más se borren.
Que sólo un mal trago te está arrastrando al borde.

Dicen que tu cama se está apagando, dicen que no hay mar que meza tu calma.
Que tu alma no tiene remedio, que hoy los golpes del destino marcan tu cara,
que tu llama está tiritando, que se está apagando tu cama...