¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

7 jun 2012

Descalzos.

Piso los jardines de hierbas ácidas, descalzo.
A lo lejos, llega el olor añejo del jazmín,
o el collar de aromas que vestía tu cuello.
Ya ves, tu ausencia y efecto confunden todavía mis sentidos.

Aún ando descalzo y ebrio por los caminos al pasado,
suena en el patio, la sinfonía de gritos y portazos que compusimos juntos.
"Márchate, ya no suena tan bien esta melodía, el alma chirría y desafina"
Entonaba el salve a las ventanas, que también querían suspirar.

¿Por qué todo empezó tan bien, para terminar tan mal?
Que pasó de ser una casa con encanto, a un antro espectral.
"Tú me convertirás en lo que nunca quise ser, me llevarás al mal.
Mira, mira el jardín, ¿todas las flores se han querido marchitar?"

La escalera que daba al cielo ahora es sólo un ventanal.
Un reguero de tus llantos podría llevarme hasta el mar,
a esa playa que, descalzos, recorrimos buscando la paz.
Hoy retumban en la costa los gritos, como en una gramola, que me vuelven a insultar;

"Vales menos que la mierda que pisaste al marchar.
En esta playa nuestras huellas se las beberá el mar.
¿Es que no lo entiendes? Me has conseguido cambiar a mal.
Aún espero descalza a morir de frío, o a que muera tu frialdad"

3 jun 2012

Rojo o negro.

Si invocamos al deseo todo saldrá bien.
Si apostamos todo al rojo superaremos este error.
En caso de que no pensemos, ni nos dejemos llevar,
pensemos en los momentos que dejaremos de vivir.
Apostemos todo al placer sin costo,
al poder elegir el cuando y el donde.
Si lo apostamos todo a ti, si lo apostamos todo a mí,
o a los monstruos que hablarán sin nombre;
si apostamos sin saber fingir, podrá ser el fin.
Para ti, y para mí.

Seamos cómplices del silencio ahora que está bien visto;
quien nada dice nada oculta, y si oculta sin ser visto,
nada importa, porque corazón que no ve, corazón que es ciego.
La realidad está para ser vivida, no les molestará poner nuestra canción.
Entiende que no quiero más que obviar tu nombre,
olvidar tu olor y sobrar en tu pecho, una noche más.
Repetir como sonámbulos el mismo ritual, sin llegar a querernos.
Y si me quieres, o si te quiero.
Si apostamos todo al negro, arriesgándonos a palmar.
Podría acabar tan mal que duela, que nos duela a ti y a mí.
Y el daño será irreversible al amanecer siguiente, y a los siguientes...

La noche nos alcanzó.


Caeremos sumisos ante el sueño abrazados.
Si no despiertas a tiempo nos cogerá,
sin posibilidad de huir, de marchar...
la noche caerá suavemente, nos encerrará entre sus tonos ocres...

Despierta antes de que llegue el monstruo,
el que está sobre tu cama levitando, el que apaga tu luz por la noche.
El que está encerrado en el armario, en un saco con botones...
despierta que viene la noche, que no nos encuentre abrazados.

¿Por qué ocultar la intimidad?
Si ahora nadie nos verá, podremos seguir bailando en penumbras.
Si al caer el negro manto una vez más, nadie nos juzgará;
nadie podrá encontrarnos entre tantas curvas.

No era el momento de correr por el parque...
allí estaba expectante, insinuante y nunca esquivo.
Era la perdición...
sumido a su maldición, nos encontró distantes.

¿Por qué las farolas mantienen su canción?
De color butano, padres del despropósito.
Fue nuestra canción, danzaba entre la sombra.
Noté su diente y entendí que todo al final zozobra.

Ya no hubo canción, ni buenas noches.
No habrá colchón más cómodo que saber que ya no estamos.
Que ya no somos, que nos vamos.
Da igual que despiertes, si ya no existe la luz...
se ha fundido la luz.
Tus pies serán la guía a través del dolor.
Apartando del sendero los obstáculos que sobren.

Un aullido en aquella ciudad.
Un reguero de esperanza maltratado sin ti.
Brotaba de mi pecho otro aullido más;
lobas, hienas grises y carmín aturdieron...

La noche nos alcanzó, ya no duermas más.
Ya no estamos abrazados, estamos rotos.
La noche nos alcanzó, no dio tiempo a correr.
Y aunque hubiéramos podido, era mejor perder así lo poco que...