¿Y si mañana renunciara a todo aquello que equilibre la balanza?

10 abr 2011

Al alba...

Hoy es una tarde de melancolía.
De esas en las que devorarías el reloj
para que todo se parase y pudieras reorganizar tu vida.
En las que cambiarías cada segundo que pasas en tu cuarto,
por una micra de segundo con ella.
Tardes en las que no poder cambiar tu pasado para mejorar el presente,
te hace morir dentro de ese cuadrilátero que te enfrenta
otro día más a la soledad.
Que nada cambie después de esa noche es imposible.
Que nada vuelva a ser igual es... improbable.
Era impensable que otros labios fueran los suyos,
que los besos cambiasen de dirección, o
que el viento arrugara mis mejillas.
Era imprevisible el rumbo de su pelo negro,
bailando al compás de aquel rojizo sol de primavera.
Y al alba, comprendí cuanto la quería, y al alba, al alba...

La melodía quiso teñirse en agria esta tarde
en la que no te tengo.
Y por igual, miles de tristes poeta náufragos de su destino,
intentarán explicar hoy tu caminar.
Nunca fui un buen narrador de historias,
siempre preferí vivirlas a contarlas desde fuera,
pero la nuestra... me resulta imposible callar.
En esta tarde de melancolía se está muriendo otro pedazo de mi alma.
Mataría a esa nube que me cubre si pudiera.
Contaminaría el cielo con retales de tu pelo,
y entre tus dedos posaría mi calma.
Y al alba, comprendí que mi alma residía entre tus brazos, y al alba, al alba...

Viento, corre.
No escuches este llanto, no escuches a este poeta.
Estoy consumido por un tiempo que no es el mío,
pues este reloj no marca su corazón.
Estoy marchito por la falta de su saliva.
Estoy quemado por el fuego que desprende quererla sin tenerla.
Hoy, escuché su voz al despertar,
volviendo a morir en esta cama que me está convirtiendo en esclavo.
Agua, llora.
Mereces llorar si así lo quieres,
no corre el agua si no hay desnivel,
y siendo emocional en este caso, agua; corre.
Pues la echo de menos, sus manos no están aquí para guiarme,
su voz y su aroma ya no me tranquilizan, y su ausencia me aniquila.
Me extermina, me destruye, me corrompe, me destroza, me humilla,
me mata, me hiere, me quema, me duele, y su recuerdo...
Y al alba, quité los elementos que estorbaban hasta ti, y al alba, al alba...

Una tarde melancólica dio paso a una noche sin fronteras.
Mi mente voló fugaz por cualquier rincón alejado de tu ser.
Mis dedos martillearon aquel teclado,
trasportando sentimiento al triste papel.
La echo de menos Luna.
Duda, la quiero a mi lado.
Fue mi almena, mi alabanza ante Dios,
fue mi ilusión y mi esperanza.
Dime que no marchó por siempre,
dime que volverá su recuerdo.
Amor mío, ¿dónde quedas?
Tengo mucho que decirte, y no veo tus piernas.
No puedo seguir tus pisadas, pues no veo a donde llevan.
Y mientras tanto sigo esperando a que quieras llegar al alba...

Si te dijera amor mío, que temo a la madrugada.
Presiento que tras la noche, vendrá la noche más larga.
Quiero que vuelvas, amor mío... al alba, al alba...

5 abr 2011

Ansia de poesía.

Borré cada palabra que sobraba,
opuse dolor y amor dispuesto a cambiar el mundo.
Rumbo de aquel que clama que no quedará mañana,
que no duerma en mi cama o que acaba con mis ganas.

Postré la realidad ante mi alma, ser humano me perdió.
No queda rabia en mi palabra, sólo ansia de victoria,
de saber que estando en gloria, estaré contigo amor.

Y no reniego de quien soy, hoy no culpo al destino.
No me siento asesino de los versos fugitivos,
que de mi garganta escapan, y se avalanchan,
ante el ventanal de pana que hoy afiló mis garras.

Si me agarras yo te abrazo, villano, te robo un beso.
Muerdo el peso de este polvo, que hasta ayer cubrió mi cuerpo.
Beso el suelo con las manos, para darme más impulso,
y poder decirle al mundo que del arte no reniego.

Que vuelvo moribundo, sí,
pero regreso, para cambiar un mundo que no es feliz sin serlo.

Tengo ansia de picardías, de miradas indiscretas.
Tengo ansia de silencios que dejen puertas abiertas.
Tengo ansia de poesía, de noches en vela.
Y sin ansia muero y digo, tengo ansia de tenerla… poesía.

3 abr 2011

Musas del Sistema.

El suave llanto del cielo diluvia en mi ventana.
El alma; apagada o en silencio.
No concibo este universo sin retales de las ganas,
de salir corriendo de este funesto cuarto en llamas.

No siento prisión ni agobio, no siento dolor alguno.
No siento vacío en mi pecho, no siento puñaladas,
quizás no siento que no siento.
Pero es cierto que siento la desgana rutinaria del lamento.

Mi habitación se cansa de esperar al ciervo herido, cada noche,
después de hablar contigo muere el alba,
madrugadas de deshielo que olvidan que te conozco,
y un amigo me cuenta, que ni él sirve tampoco.

¿Dónde está lo que conozco del corazón de este perro?
Que ladró a la Luna, por amor y por despecho.
¿Quién es el desecho que hoy ocupa mi alma?
Qué hizo con mi vida, que hizo con mis ganas.

Quise salir corriendo de este cuarto moribundo,
que me encierra, y le suplico que me deje ir en paz,
la misma que me arrebató al encontrarme,
y ofrecerme un pacto, que por dentro me arde,

y me quema la deshonra de las musas del sistema,
que por rutina hoy son mi condena,
y cada gota nueva que perece contra el suelo,
no son más que gotas, que murieron sin consuelo.

¿Dónde está el error de sentir amor?
¿Acaso aquel que nunca quiso vive mejor?
¿Dónde está la ilusión de enamorarse,
el miedo a equivocarse, y la pena de marcharse?

¿Por qué todo se complica a quien dicen ser mesías?
Nadie me dio a elegir condición alguna.
Si superación es mi motivo, si mi alma son tus besos,
hoy no tengo alma, por que sin tener tus besos muero.

Posdata: Pido perdón por la calidad de las últimas obras, a mi personalmente no terminan de gustarme, espero que poesía vuelva pronto por aquí.